Rendición
Capítulo
1
El
reflejo del espejo mostró aquella mañana mi rostro sumamente
cansado. A pesar de que habíamos hecho el viaje durante gran parte
de la tarde del día anterior y de que había conseguido dormir en mi
antigua habitación cerca de ocho horas, no podía ocultar cuan
agotada estaba, emocionalmente desde luego.
Pasé
mis manos alrededor de mi larga melena ondulada y ligeramente
despeinada; siempre era una gran batalla el dejarla en condiciones
cada día.
Y
observé directamente mis ojos color café oscuro que poseían un
brillo especial aquel día, a peshar de todo lo ocurrido; sabía el
motivo del porque estaban así.
Estaba
de vuelta en casa después de más de cuatro años. Había vivido en
la pequeña Elizabethville desde que tenía uso de razón; era mi
hogar, sin lugar a dudas. Pero en el año en el que me disponía a
entrar en el instituto, a mi padre le salió un importante trabajo en
Nueva York, por lo que no le quedó más remedió que marcharse a
vivir allá; y como no, toda su familia tuvo que seguirlo. Y cuando
me refiero a toda su “familia”, me refiero a mi hermano mayor, a
mi madrastra y a mí.
Nadie
más que yo tuvo la oportunidad de quedarse en Elizabethville pese a
todo. Tenía una tía, a la que adoraba con la vida, que era
plenamente consciente del hecho de que yo no deseaba irme de allí, y
me ofreció quedarme con ella todo el tiempo que fuese necesario;
incluso se ofreció a discutir con su hermano para que fuera como
fuera yo pudiese quedarme allí.
En
definitiva, tuve que negarme, porque tenía una pequeña debilidad,
pues yo no podía vivir sin mi hermano. El desprecio que teníamos
hacia nuestra madrastra era mutuo, y no podía imaginarme el
abandonarle durante varios años, dejándolo solo viviendo con ella.
En
resumidas cuentas, me marché con los doce recién cumplidos y
finalmente he vuelto con dieciséis años, a punto de cumplir
diecisiete. Además, el tiempo que estuve viviendo allí no fue tan
desagradable después de todo, y con el paso del tiempo.
Pero
no podía negar que deseaba con toda mi alma volver a casa. Había
abandonado mi antigua habitación, en la que ahora finalmente me
encontraba, había dejado allí a mi tía, a todas mis amigas, a mi
antigua clase, y lo más importante, había dejado allí a quién a
fin de cuentas podía llamar mi primer amor.
El
señor y la señora Reid habían conocido a mi padres incluso antes
de que Jack, mi hermano, o yo naciésemos. Pero no había sido hasta
que yo cumplí los cinco años, cuando se hicieron inseparables; nos
apoyaron cuando ocurrió lo de mi madre y mi hermano no pudo evitar
hacerse buen amigo del hijo pequeño de la familia, Matt.
Sorprendente
el hijo mayor de esa familia jamás le cayó bien; pero eso nunca me
importó; porque la ingenua niña que había en mí, no tardó en
darse cuenta de que estaba enamorada de Matt Reid, el mejor amigo de
su hermano, y el hermano pequeño del rarito de Will Reid.
Lo
que poca gente sabe de esa familia, es que Will es adoptado, porque
al parecer, sus padres creyeron que no podrían tener hijos; pero lo
irónico fue que escasos dos años de haber adoptado a Will, Lizzie,
su madre, se quedó embarazada de Matt. Ninguno de la familia lo
esperaba, y ni mucho menos Will, quién según me dijeron cambió
totalmente cuando descubrió que iba a llegar a la familia un hijo
biológico; volviéndose entonces un niño más arisco y cerrado.
Realmente,
Will nunca me cayó mal, a diferencia de a mi hermano, pero rara vez
socializó con nosotros; aunque pese a todo, una parte de mí lo
entendía. Había crecido en una familia, probablemente con la idea
de que toda la atención y cariño iban a caer sobre él; y que de
repente apareciera Matt, quién se convirtió rápidamente en en un
niño adorable y perfecto para sus padres, no tuvo que ser nada
fácil.
Dibujé
en mi rostro una sonrisa, mientras continuaba observándome al
espejo, habíamos vuelto un domingo, por lo que aún tenía tiempo de
ir a visitar a Matt antes de encontrármelo mañana en el instituto.
De hecho, ninguno de los Reid sabía que ya habíamos vuelto,
habíamos dejado que todo fuese una sorpresa.
Una
pequeña parte de mi estaba asustada de lo que iba a encontrarse,
¿que haría si Matt había cambiado demasiado, al igual que su
hermano? Yo no era su mejor amiga, ni mucho menos, ese era el lugar
de mi hermano; yo no había chateado con él todas las semanas, como
había hecho Jack. Matt no tenía porque saber nada de mí, mientras
que yo continuaba queriendo saber todo de él.
Es
tu culpa, me susurró mi
voz interior, pudiste haber encontrado a alguien
mejor en Nueva York, pudiste haberte olvidado de él, no lo hiciste,
ahora, vive con ello.
Me
estaba colocando una chaqueta clara por los hombros, cuando oí un
golpe bruto en la puerta de mi habitación, sonreí y la abrí.
- No
puedes llamar de otro modo, ¿verdad?
- Desde
luego que no, es mi seña de identidad, Becca tontita -se burló él
con esa seca sonrisa- ¿estás lista ya? Porque estoy cansado de
esperarte ya, o estas lista, o te juro que me marcho ya; no eres la
única que tiene ganas de ver a Matt, ¿sabes?
Le
dí un fuerte golpe en el hombro, y él soltó un suspiro ahogado,
sonreí interiormente por mis grandes progresos.
- Fíjate,
nunca pensé que esas clases de defensa personal fuesen a servir
para algo,...
- Pues
ya ves que sí, y ahora déjame paso o ya sabes lo que puedo hacer
contigo, yo solo te aviso, hermanito.
Se
alejó de mí con una mueca y ambos bajamos al salón, donde por
suerte solo se encontraba papá.
- ¿ Vais a ver a los Reid? -así era mi padre, ni un buen día, ni nada, ¿a
donde vais?
- Sí,
¿no vienes? -murmuré yo, a sabiendas de lo que iba a decirme, ¿qué
para qué preguntaba entonces? La esperanza era lo último que se
pierde, supongo.
- No,
Amanda ha ido a encargar la nueva estantería, después tenemos que
irnos a la cita que tiene con el médico -le dediqué una mueca,
mientras sus ojos de repente mostraban un pequeño brillo- pero
salúdales de mi parte, y diles que pronto nos pasaremos nosotros.
- Claro,
papá, lo haremos -le respondió Jack sacando las llaves de su nuevo
y flamante coche del bolsillo de sus vaqueros desgastados.
Mi
adorado hermanito sonrió como un tonto mientras entrabamos en el
ford mustang coupe que había tardado como dos años en y medio en
conseguir el dinero necesario para comprarlo. Papá había ofrecido
ayudarle en algo para comprarlo, pero Jack se había negado en
redondo; por lo que aquel coche era todo fruto de sus trabajos a
media jornada y de su esfuerzo ahorrando. No era el único que estaba
orgulloso de él mismo, pues yo también lo estaba, así que no me
quedó más remedio que devolverle una sonrisa de camaradería.
El
trayecto hacia la casa de los Reid no nos llevó más de diez
minutos, era bastante cómodo el hecho de que vivíamos relativamente
cerca, pero Jack deseaba tener su viaje de estreno con su Mustang,
por lo que yo no pude quejarme de nada, además el coche iba a las
mil maravillas para su regocijo personal.
Aparcamos
en la acera de la casa sin sorprendernos de encontrar a Lizzie
arreglando las flores del jardín, le había encantado la jardinería
desde siempre, y su jardín siempre había sido algo digno de ver,
pese a todo ella si que se sorprendió.
Obviamente
no esperaba ver precisamente a un mustang negro y resplandeciente
aparcar delante de su casa, y ni mucho menos que fuésemos nosotros
los que bajasemos de él.
Aunque
la sonrisa no tardó nada en llegar a su rostro, y vinó corriendo a
abrazarme, me reí involuntariamente mientras me apretujaba contra su
pecho como si aún fuese una niña pequeña. Cuando finalmente me
soltó, consiguió murmurar, algo cansada:
- Dios,
no me creo que estéis aquí, chicos,...señor, estáis enormes, ¿me
he hecho tan vieja ya?
Jack
y yo sonreímos a Lizzie con ganas, aquella mujer era sumamente
agradable con todos, y siempre la habíamos tomado como una tía más,
casi como a una madre.
- ¿Está
Matt en casa? -solté sin poderlo evitar, y probablemente debí
haberme callado, tenía sentido que Jack fuera el que preguntase eso,
no yo. Mi hermano sonrió irónico mientras me miraba, Te mueres
de ganas, ¿verdad?, parecía decir su mirada, le saqué la
lengua disimuladamente mientras Lizzie echaba un ligero vistazo hacia
la casa.
- Pues
no sabría decirte la verdad, este chico últimamente sale de casa a
su antojo, sin avisar a nadie,... supongo que será por la edad
-comentó su madre mientras hacía una ligera mueca. Un pequeño
escalofrío me atravesó por dentro, ¿estaba insinuando acaso que
Matt tenía novia?
El
fuerte ruido de una moto me desconcentró de mis pensamientos, y
tanto Jack, como Lizzie y yo nos giramos, para ver aparcar una
portentosa moto negra oscura, que traía como conductor a un joven
vestido también de oscuro, y que llevaba el casco totalmente
cerrado, ocultando su rostro.
- Parece
que al menos Will ya ha vuelto -soltó su madre con un ligero alivio
impregnado en su voz.
Suspiré,
sorprendida, ¿Will? ¿Aquel chico de la chaqueta de cuero negra era,
Will? ¿Desde cuando los niños cerrados se convertían en
motociclistas con pinta de tipos duros?
El
chico, por lo visto Will Reid, se quedó uno segundos más de la
cuenta mirando hacia nuestra dirección, sentí un ligero escalofrío
de incomodidad cuando me percaté de que a quién miraba a través de
ese oscuro casco era a mí, ¿tan raro le parecía que estuviese
allí?
- ¡Vamos
Will, baja de ese cacharro de una vez, y ven a saludar a Jack y Becca
de una vez, ¿quieres?! -inquirió su madre con un tono frustrado.
Will
no pareció importarle lo que dijese su madre, simplemente se levantó
la visera de su casco, y me dejó comprobar que evidentemente si que
se trataba de él, pues ahí continuaban, esos ojos color miel, con
ligeras vetas verdes, observándome con sorpresa.

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