viernes, 7 de diciembre de 2012

Rendición -Capítulo 1














Rendición
Capítulo 1

El reflejo del espejo mostró aquella mañana mi rostro sumamente cansado. A pesar de que habíamos hecho el viaje durante gran parte de la tarde del día anterior y de que había conseguido dormir en mi antigua habitación cerca de ocho horas, no podía ocultar cuan agotada estaba, emocionalmente desde luego.

Pasé mis manos alrededor de mi larga melena ondulada y ligeramente despeinada; siempre era una gran batalla el dejarla en condiciones cada día.
Y observé directamente mis ojos color café oscuro que poseían un brillo especial aquel día, a peshar de todo lo ocurrido; sabía el motivo del porque estaban así.

Estaba de vuelta en casa después de más de cuatro años. Había vivido en la pequeña Elizabethville desde que tenía uso de razón; era mi hogar, sin lugar a dudas. Pero en el año en el que me disponía a entrar en el instituto, a mi padre le salió un importante trabajo en Nueva York, por lo que no le quedó más remedió que marcharse a vivir allá; y como no, toda su familia tuvo que seguirlo. Y cuando me refiero a toda su “familia”, me refiero a mi hermano mayor, a mi madrastra y a mí.

Nadie más que yo tuvo la oportunidad de quedarse en Elizabethville pese a todo. Tenía una tía, a la que adoraba con la vida, que era plenamente consciente del hecho de que yo no deseaba irme de allí, y me ofreció quedarme con ella todo el tiempo que fuese necesario; incluso se ofreció a discutir con su hermano para que fuera como fuera yo pudiese quedarme allí.
En definitiva, tuve que negarme, porque tenía una pequeña debilidad, pues yo no podía vivir sin mi hermano. El desprecio que teníamos hacia nuestra madrastra era mutuo, y no podía imaginarme el abandonarle durante varios años, dejándolo solo viviendo con ella.

En resumidas cuentas, me marché con los doce recién cumplidos y finalmente he vuelto con dieciséis años, a punto de cumplir diecisiete. Además, el tiempo que estuve viviendo allí no fue tan desagradable después de todo, y con el paso del tiempo.

Pero no podía negar que deseaba con toda mi alma volver a casa. Había abandonado mi antigua habitación, en la que ahora finalmente me encontraba, había dejado allí a mi tía, a todas mis amigas, a mi antigua clase, y lo más importante, había dejado allí a quién a fin de cuentas podía llamar mi primer amor.

El señor y la señora Reid habían conocido a mi padres incluso antes de que Jack, mi hermano, o yo naciésemos. Pero no había sido hasta que yo cumplí los cinco años, cuando se hicieron inseparables; nos apoyaron cuando ocurrió lo de mi madre y mi hermano no pudo evitar hacerse buen amigo del hijo pequeño de la familia, Matt.

Sorprendente el hijo mayor de esa familia jamás le cayó bien; pero eso nunca me importó; porque la ingenua niña que había en mí, no tardó en darse cuenta de que estaba enamorada de Matt Reid, el mejor amigo de su hermano, y el hermano pequeño del rarito de Will Reid.

Lo que poca gente sabe de esa familia, es que Will es adoptado, porque al parecer, sus padres creyeron que no podrían tener hijos; pero lo irónico fue que escasos dos años de haber adoptado a Will, Lizzie, su madre, se quedó embarazada de Matt. Ninguno de la familia lo esperaba, y ni mucho menos Will, quién según me dijeron cambió totalmente cuando descubrió que iba a llegar a la familia un hijo biológico; volviéndose entonces un niño más arisco y cerrado.

Realmente, Will nunca me cayó mal, a diferencia de a mi hermano, pero rara vez socializó con nosotros; aunque pese a todo, una parte de mí lo entendía. Había crecido en una familia, probablemente con la idea de que toda la atención y cariño iban a caer sobre él; y que de repente apareciera Matt, quién se convirtió rápidamente en en un niño adorable y perfecto para sus padres, no tuvo que ser nada fácil.

Dibujé en mi rostro una sonrisa, mientras continuaba observándome al espejo, habíamos vuelto un domingo, por lo que aún tenía tiempo de ir a visitar a Matt antes de encontrármelo mañana en el instituto. De hecho, ninguno de los Reid sabía que ya habíamos vuelto, habíamos dejado que todo fuese una sorpresa.

Una pequeña parte de mi estaba asustada de lo que iba a encontrarse, ¿que haría si Matt había cambiado demasiado, al igual que su hermano? Yo no era su mejor amiga, ni mucho menos, ese era el lugar de mi hermano; yo no había chateado con él todas las semanas, como había hecho Jack. Matt no tenía porque saber nada de mí, mientras que yo continuaba queriendo saber todo de él.

Es tu culpa, me susurró mi voz interior, pudiste haber encontrado a alguien mejor en Nueva York, pudiste haberte olvidado de él, no lo hiciste, ahora, vive con ello.

Me estaba colocando una chaqueta clara por los hombros, cuando oí un golpe bruto en la puerta de mi habitación, sonreí y la abrí.

- No puedes llamar de otro modo, ¿verdad?

- Desde luego que no, es mi seña de identidad, Becca tontita -se burló él con esa seca sonrisa- ¿estás lista ya? Porque estoy cansado de esperarte ya, o estas lista, o te juro que me marcho ya; no eres la única que tiene ganas de ver a Matt, ¿sabes?

Le dí un fuerte golpe en el hombro, y él soltó un suspiro ahogado, sonreí interiormente por mis grandes progresos.

Fíjate, nunca pensé que esas clases de defensa personal fuesen a servir para algo,...

Pues ya ves que sí, y ahora déjame paso o ya sabes lo que puedo hacer contigo, yo solo te aviso, hermanito.

Se alejó de mí con una mueca y ambos bajamos al salón, donde por suerte solo se encontraba papá.

- ¿ Vais a ver a los Reid? -así era mi padre, ni un buen día, ni nada, ¿a donde vais?

- Sí, ¿no vienes? -murmuré yo, a sabiendas de lo que iba a decirme, ¿qué para qué preguntaba entonces? La esperanza era lo último que se pierde, supongo.

- No, Amanda ha ido a encargar la nueva estantería, después tenemos que irnos a la cita que tiene con el médico -le dediqué una mueca, mientras sus ojos de repente mostraban un pequeño brillo- pero salúdales de mi parte, y diles que pronto nos pasaremos nosotros.

- Claro, papá, lo haremos -le respondió Jack sacando las llaves de su nuevo y flamante coche del bolsillo de sus vaqueros desgastados.

Mi adorado hermanito sonrió como un tonto mientras entrabamos en el ford mustang coupe que había tardado como dos años en y medio en conseguir el dinero necesario para comprarlo. Papá había ofrecido ayudarle en algo para comprarlo, pero Jack se había negado en redondo; por lo que aquel coche era todo fruto de sus trabajos a media jornada y de su esfuerzo ahorrando. No era el único que estaba orgulloso de él mismo, pues yo también lo estaba, así que no me quedó más remedio que devolverle una sonrisa de camaradería.

El trayecto hacia la casa de los Reid no nos llevó más de diez minutos, era bastante cómodo el hecho de que vivíamos relativamente cerca, pero Jack deseaba tener su viaje de estreno con su Mustang, por lo que yo no pude quejarme de nada, además el coche iba a las mil maravillas para su regocijo personal.

Aparcamos en la acera de la casa sin sorprendernos de encontrar a Lizzie arreglando las flores del jardín, le había encantado la jardinería desde siempre, y su jardín siempre había sido algo digno de ver, pese a todo ella si que se sorprendió.

Obviamente no esperaba ver precisamente a un mustang negro y resplandeciente aparcar delante de su casa, y ni mucho menos que fuésemos nosotros los que bajasemos de él.

Aunque la sonrisa no tardó nada en llegar a su rostro, y vinó corriendo a abrazarme, me reí involuntariamente mientras me apretujaba contra su pecho como si aún fuese una niña pequeña. Cuando finalmente me soltó, consiguió murmurar, algo cansada:

- Dios, no me creo que estéis aquí, chicos,...señor, estáis enormes, ¿me he hecho tan vieja ya?

Jack y yo sonreímos a Lizzie con ganas, aquella mujer era sumamente agradable con todos, y siempre la habíamos tomado como una tía más, casi como a una madre.

- ¿Está Matt en casa? -solté sin poderlo evitar, y probablemente debí haberme callado, tenía sentido que Jack fuera el que preguntase eso, no yo. Mi hermano sonrió irónico mientras me miraba, Te mueres de ganas, ¿verdad?, parecía decir su mirada, le saqué la lengua disimuladamente mientras Lizzie echaba un ligero vistazo hacia la casa.

- Pues no sabría decirte la verdad, este chico últimamente sale de casa a su antojo, sin avisar a nadie,... supongo que será por la edad -comentó su madre mientras hacía una ligera mueca. Un pequeño escalofrío me atravesó por dentro, ¿estaba insinuando acaso que Matt tenía novia?

El fuerte ruido de una moto me desconcentró de mis pensamientos, y tanto Jack, como Lizzie y yo nos giramos, para ver aparcar una portentosa moto negra oscura, que traía como conductor a un joven vestido también de oscuro, y que llevaba el casco totalmente cerrado, ocultando su rostro.

- Parece que al menos Will ya ha vuelto -soltó su madre con un ligero alivio impregnado en su voz.

Suspiré, sorprendida, ¿Will? ¿Aquel chico de la chaqueta de cuero negra era, Will? ¿Desde cuando los niños cerrados se convertían en motociclistas con pinta de tipos duros?

El chico, por lo visto Will Reid, se quedó uno segundos más de la cuenta mirando hacia nuestra dirección, sentí un ligero escalofrío de incomodidad cuando me percaté de que a quién miraba a través de ese oscuro casco era a mí, ¿tan raro le parecía que estuviese allí?

- ¡Vamos Will, baja de ese cacharro de una vez, y ven a saludar a Jack y Becca de una vez, ¿quieres?! -inquirió su madre con un tono frustrado.

Will no pareció importarle lo que dijese su madre, simplemente se levantó la visera de su casco, y me dejó comprobar que evidentemente si que se trataba de él, pues ahí continuaban, esos ojos color miel, con ligeras vetas verdes, observándome con sorpresa.









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