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ADVERTENCIA: Tiene algunos cambios con respecto a la historia original, no me matéis por ello, tenedlo siempre presente.
Vuelve a casa por mí
Segunda Temporada
Capítulo 21
Un
ruido bastante fuerte me despertó; desorientada, miré a mí alrededor, y observé
como Christian recogía su mochila del suelo y la ponía en su regazo, me echó un
ligero vistazo y sonrió con tristeza.
-Perdona,
no quería despertarte –me susurró arrepentido, yo le negué lentamente con la
cabeza.
-Soy yo
quién tendría que darte las gracias, Chris –inquirí mientras me frotaba los
ojos ligeramente adormilada, para intentar despejarme.
-Desde
luego que no pensaba dejarte marchar sola a Atlanta –me aseguró con un ligero
tono ofendido, como si ese hecho hubiera tenido que ser obvio para mí.
Había
sido una sorpresa que mamá nos hubiera dado permiso. Probablemente se debía a
la situación, yo no podía ser la única persona preocupada por Justin.
-¿Ha
habido noticias? –le pregunté respirando hondo, Christian me negó con la cabeza
incluso antes de que consiguiera terminar mi pregunta, cerré los ojos fuerza.
-¿Nada?
-Hace
como diez minutos, llamé de nuevo a Pattie. No me lo ha cogido, como supondrás,
pero al menos no estaba apagado y he podido dejarle un mensaje.
-Bueno,
al menos, eso es algo –murmuré, mientras me recogía el pelo y me hacía una
cola.
-Ya,...oye,
Cait,... –me dijo, abriendo su mochila, y rebuscando en el interior de la
misma.
-¿Sí?
–inquirí mientras miraba por la ventana que tenía a mi lado, las nubes, esos
gigantes trozos de algodón de azúcar blanco, parecía completamente indiferentes,
en lo que a mí respectaba.
-¿Estás
segura de lo que vas a hacer?
Le miré
detenidamente de vuelta.
-¿A qué
te refieres?
-A que
Selena va a estar allí, –sonrió con ironía- a que la novia de Justin ya va a
estar allí.
-¿Puedes
no recordarme ese tipo de cosas? Cada día te pareces más a Payton, de
verdad,...
La
verdad era que por mucho que me lo dijeran, por mucho que a mí me doliera, no
dejaban de tener razón, muy a mi pesar. Pero en ese momento, nada de eso
importaba, en ese momento, lo único que importaba es que él estuviese bien, que
no le hubiese ocurrido nada malo.
-Perdóname
por preocuparme por ti –reclamó él, sacando la consola de la mochila, y
poniéndose a jugar durante el resto del viaje.
La cosa
no fue a mejor, ni mucho menos. Tuve a Christian sumamente callado a mi lado
todo el tiempo; incluso cuando bajamos del avión y tomamos el taxi.
Sonreí
con amargura a la visión que me otorgaba la ventana del taxi; las calles de
Atlanta, tan reconocidas para mí. Mi sonrisa se ensanchó ligeramente cuando a
mis ojos llegó la visión de la iglesia donde había conocido a Justin,...
Tenía
ese recuerdo, grabado con suma claridad en mi mente.
***
Fue un
domingo. El cielo amaneció nublado aquel día. No tenía muchas ganas de ir a la
iglesia ese día, porque hacía muy poco tiempo que había pasado un buen
resfriado, y aún me encontraba algo débil. Pero le había prometido a mamá que
iría muchos días antes, por lo que me tragué mi debilidad; me vestí y me marché
con ellos.
En el
camino, la cosa no mejoró, un fuerte viento azotaba mi cabello sin poderlo
evitar, y tenía la piel helada.
Cuando
finalmente llegué a la iglesia, como diez minutos antes; corrí a los asientos, y
me aovillé en mi misma, para intentar encontrar y salvaguardar un poco de mi
propio calor corporal.
Ya
había unas pocas personas cuando yo me senté. Metí mis manos en los bolsillos
de mi chaqueta, mientras observaba como mi familia, llegaban hacia donde yo me
encontraba. Mis padres se sentaron detrás de mí, Chris, que por entonces, era
dos palmos más bajo que yo, se sentó a mi lado.
Mirando
de reojo a mi hermano, que se entretenía mientras esperaba jugando, ya por
aquel entonces, con la consola; descubrí unos ojos color miel observando hacia
mi dirección, poco tiempo después descubriría que aparte de ese color miel,
había unas pequeñas vetas verdes.
Esos
pertenecían a un chico que se encontraba en una situación similar a la mía.
Estaba sentado en los asientos, lado opuesto al que nosotros nos encontrábamos;
rodeado de dos personas; un hombre grande, que parecía el típico grandullón
bonachón que podrías encontrarte como guardaespaldas en una discoteca; y una mujer
con una media melena castaña, que tendría como unos treinta y pocos años.
Esas
dos personas, estaban sentados a su alrededor, hablando entre ellos, y no le
prestaban atención.
Por lo
que ese chico, continúo un buen rato mirando hacia nosotros, aunque sólo yo
parecí darme cuenta. Era más alto que Chris, pero deduje que pese a todo sería
algo más bajito que yo. Además era rubio, sumamente rubio, y su peinado me
recordaba al que llevaban aquellos gemelos de “Zack y Cody: Hotel, dulce
hotel”. Llevaba la sudadera azul de los Lakers, que le quedaba como dos tallas
más grandes, por aquel entonces.
Cuando
me miró detenidamente a los ojos, miré rápidamente hacia otra dirección;
repentinamente azorada. Tenía el corazón a punto de salirse de mi pecho, y pude
notar con facilidad un suave calor en mis mejillas.
Le eché
una mirada de reojo segundos después, para observar como hablaba con la mujer
que tenía a su lado, la cual deduje que sería su madre. Todo me pareció normal
hasta que hizo un ligero movimiento con la cabeza hacia mi dirección y tanto la
mujer, como el hombre miraron hacia nosotros.
-¿Los
conoces? –preguntó mi madre, dándose cuenta de las miradas que nos dirigían, yo
le negué con la cabeza, mientras mi hermano levantaba la suya y miraba también
hacia el grupo en cuestión.
El
primero en romper aquel curioso silencio, fue Justin; no dijo nada en especial,
simplemente sonrió con tranquilidad hacia nosotros y soltó:
-Hola
Mi
hermano fue quién le devolvió el saludo, pero yo fui consciente de que aquel
“hola” estaba dirigido a mí.
Minutos
después, cuando todos nos presentamos, con sonrisas cordiales, dijo aquella
frase que hizo que mirase hacia otro lado, sumamente avergonzada, y que tuviese
por primera vez, mariposas revoloteando en mi estómago.
“Tío,
me he enamorado de tu hermana”
***
Suspiré
y miré a Christian de nuevo, ya nos acercábamos al hospital; y por fin había
guardado su consola en la mochila que llevaba.
-Lo
siento –murmuré.
Él me
miró extrañado, como si después de aquel largo rato de silencio, lo único que
no se hubiera esperado fuesen unas disculpas.
-Por
todo lo que está suponiendo el hecho de que esté enamorada de él –sus ojos
brillaron, sorprendidos por aquellas palabras, sonreí- pero me ocurrió desde el
primer momento Chris, no puedo imaginarme que ese sentimiento vaya a cambiar.
Alzó
ligeramente las comisuras de sus labios.





