martes, 30 de octubre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 26
































Vuelve a casa por mí
Capítulo 26
2º temporada

Las miradas absortas de Jeremy y Chris nos recibieron cuando nos sentamos a comer, Jazzy, junto a su hermano, fue la única que pasó de nosotros. Me senté, demasiado cómoda arropada en su albornoz de algodón blanco, y dispuesta a comerme los raviolis con setas que me había preparado. Sabía a que se debían esas miradas, querían una explicación. Abrí la boca, dispuesta a dársela.

-La tiré a la piscina conmigo.

Miré a Justin sorprendida de que asumiese su pequeña culpa. Pese a todo, tanto su padre como mi hermano se encogieron de hombros, como si aquello fuese lo más normal en aquella situación.

-Oh, ¿tengo yo la culpa acaso? –inquirí con una ligera sonrisa.

-No –objetó Chris dándole el primer bocado a su hamburguesa- pero habíamos esperado algo peor; de hecho, habíamos hecho una apuesta y todo, preguntándonos si volveríais...

Justin se partió de la risa durante un largo rato debido a ese comentario, le miré, fingiendo enfado, pero al final me hizo sonreír a mí, puede que fuese porque cada vez veía más esperanza de que todo aquello acabase bien de algún modo.

-Lo intenté, pero Caitlin no me dejó –le confesó a mi hermano cuando ya habían terminado de cenar y yo estaba recogiendo mi plato y la comida de los niños. Ellos recogerían lo suyo y limpiarían todo, eso lo podían tener bien claro por mi parte.

-Ni te dejará, puedo asegurarte eso –le aclaré sentándome en el amplio sofá principal, con Jazzy a mi lado, me miró mientras terminaban de recoger, y yo sonreí formando la palabra “crío” con mis labios. Sonrió desviando la mirada.

-Cait,... –murmuró la niña a mi lado; ligeramente la miré, pues creía que estaba prestando atención a la televisión, no a mí.

-¿Sí?

-¿Eres la amiguita especial de mi hermano ahora? –preguntó así de natural. Por un instante no supe si debía reír o preocuparme, pues no tenía muy claro que podía contarle a su hermana pequeña. Obté por la opción más fácil.

-No –dije la palabra, pero me supo como una patada en el estómago. Esa opción era fácil, pero para otros. Sí que era la “amiguita especial de su hermano, o por lo menos tal y como ella era capaz de entenderlo, incluso él mismo me lo había dicho hacía tan solo unos días,... -¿Por qué me preguntas eso?

-No sé, supongo que no se comportaba así contigo antes.

Como una media hora después, yo tenía a Jazzy acoplada en mi regazo, durmiendo tranquilamente. Llevaba acariciándolo su liso y sedoso pelo rubicundo un largo tiempo, intentando prestarle atención a la televisión, pero no podía. Por muchos canales que puse, ninguno me importaba. De hecho, al final, la apagué y tomé a la niña con cuidado en mis brazos, intentando que no se despertarse.

La llevé al piso de arriba, junto a su hermano, que ya hacía rato que dormía a su gusto en la cama. Jeremy no estaba allí de hecho, sino que se encontraba en el patio, siguiéndoles el juego a su hijo y a mi hermano; pues los tres se habían metido en la piscina antes de irse a dormir.

Cuando bajé para coger el bolso que había dejado en el recibidor, tuve que pasar por allí, y aquella vez, no me sorprendió que Justin fuese el primero en hablarme nada más verme aparecer.

-Vaya, ¿has cambiado de opinión? –me preguntó apoyándose con sus brazos en el borde de la piscina. Sonreí irónicamente y le negué con la cabeza mientras pasaba de largo. Casi me eché a reír cuando al instante oí el movimiento del agua y sus pisadas. Me paré de nuevo antes de entrar en la casa, pues no habría servido de nada evitar que mojásemos el suelo la primera vez.

-¿Qué? –le pregunté intentando ocultar la sonrisa que luchaba por formarse en mis labios. De alguna manera, la pequeña charla de antes dentro de la piscina parecía haber funcionado.

-¿Por qué no te vienes? –inquirió haciendo una pequeña seña hacia la piscina, donde Chris le tiraba una pelota de playa a Jeremy para disimular, de hecho, era plenamente consciente de que prestaba suma atención a como estábamos actuando entre nosotros en ese instante.

-La verdad es que ya me iba a dormir, además no te iba a dar oportunidad de que me quitases el bañador –dije, dejándoselo bien claro; sus ojos color miel, brillaron divertidos.

-Eso no es justo. Le quitas al jugador, la oportunidad de jugar –comentó haciendo una mueca. Una pequeña sensación de frío se instauró en mi pecho, recordando los últimos días del tiempo en el que estuvimos juntos.

-Yo nunca te pedí que jugases conmigo, Justin –le respondí con una ligera sonrisa.

-Creí que lo que teníamos ahora se podía considerar un reto,...

Claro, el reto es que recuerdes que me quieres, idiota.

-Y lo es, pero no te he pedido que juegues, sino que te esfuerces en conseguirlo.

-¿Hay algún premio especial, si lo consigo? –quiso saber, atrapando uno de los mechones de mi pelo, y colocándolo detrás de mi oreja. La suave frialdad de su piel, recién salida del agua, me provocó un escalofrío por todo el cuerpo.

Pensé sin poderlo evitar en unas notas musicales, en ese borroso conjunto de notas musicales que él me había cantando cuando yo me estaba quedando dormida. Esa melodía que escondía un trato, una promesa, que solo yo recordaba,...Y pensar que todo había ocurrido hacía escasos tres días.

-Quizás.

Sonrió

Otra media hora después, la situación era completamente distinta. Yo me encontraba echada en la que sería mi cama aquella noche, en una gran habitación de una suave tonalidad azul, y en el segundo piso; cuando oí que el jaleo que hacían los chicos en la piscina se acababa.

Unos cortos minutos, fue lo que tardó mi teléfono en iluminarse. Me reí ligeramente, pues lo había estado esperando. En aquel tipo de situaciones, y al menos para mí, Justin podía ser muy predecible.

-Necesito hablar contigo, Caitlin.

-¿Dónde?

-Ven a mi habitación dentro de diez minutos, por favor.

No supe como tomarme aquel “por favor”, por lo que tardé unos segundos más de la cuenta en contestarle.

-¿Estás seguro?

-No, pero quiero que vengas, necesito contarte una cosa.

No creo que existiese una chica más feliz que yo en aquel momento por el simple hecho de que en aquel nuevo mensaje suyo apareciese la palabra “necesito”, porque yo casi podía leer “te necesito”.

-Está bien, iré.

No me contestó aquello último, y no me sorprendió. Pero yo me quedé con las ganas de mandarle un último mensaje. Un mensaje que de hecho llegué a escribir en mi teléfono en ese momento, con la esperanza de que no pasase mucho tiempo hasta que finalmente pudiese decírselo de nuevo. Sin miedo.

“Hey idiota, te quiero”













domingo, 21 de octubre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 25





























Vuelve a casa por mí
Capítulo 25
Segunda temporada.



Cuando volví al salón, me encontré con una escena prácticamente igual a la que había dejado antes de irme. Salvó que esa vez, Jeremy estaba levantado esperándome y que Chris alzó ligeramente la cabeza cuando me oyó llegar. Su padre no tardó ni dos segundos en preguntarme:

-¿Y?

Sonreí ligeramente y le negué con la cabeza- No quiere pizza, dice que prefiere que le haga hamburguesas,...

-¿Qué se las hagas tú? –cuestionó mi hermano con tono cómico mientras se guardaba el teléfono en el bolsillo de sus vaqueros. Yo le dedique una mueca, mientras me dirigía a la cocina, que también estaba conectada al amplio salón por una amplia puerta solo con el marco.

-¿Quieres qué te eche una mano, Caitlin? –inquirió Jeremy, mientras se asomaba ligeramente a la cocina, yo le negué con la cabeza.

-Con que me digas donde están las cosas que necesito...

Pocos minutos después mientras yo terminaba de hacer la comida, de hecho, su padre sí que me acompañó en la cocina, pero fue para preparar la comida de Jaxon, quién obviamente no iba a comer lo que yo estaba haciendo. Hice cinco hamburguesas en total, yo no pensaba comer también eso, pero me divertí ante la idea de ver a esos tres “hombres” pelearse por la última porción.

Cuando finalmente preparé la mesa, cosa que obviamente tuve que hacer sola porque mi hermano no se molestó en moverse lo más mínimo. 

Me parecía curioso pensar en que yo era prácticamente igual que él hacía unos meses. A la única que le serví el plato fue a Jazzy que tuvo el adorable detalle de ir hasta la cocina y preguntarme si me podía ayudar en algo. Mi hermano ya podría servirse solito de sobra.

Nada más terminar de prepararle todo a la niña, me escabullí al otro lado de la casa, para coger la toalla que había dejado abandonada en la puerta de su habitación y marcharme al patio.

Nunca había llegado a ver una piscina de esa amplitud, bueno, tal vez en las películas; pero lo que me dejó atrapada en mis pensamientos fue el hermoso efecto de luz que creaba la luna en la piscina, podría imaginarme perfectamente el bonito tono azulado que tendría mi rostro.

No pude evitar pensar en el tiempo que hacía que no nadaba. Era verdad que desde que había tenido el accidente había ido con mis amigos a piscinas y a playas; pero nunca me había tomado la natación en serio de vuelta.

Lo más raro de todo era que él no estaba allí.

Eché un ligero vistazo hacia la escalerilla de la piscina, y de hecho me percaté de que el suelto de esa parte estaba mojado. Era obvio que había estado allí, pero ahora no tenía ni idea de donde podía haberse metido.

-¿Justin? –pregunté a la nada.

De repente, sentí una fuerte presión desde atrás que me empujó hacia delante, llevándose todo mi cuerpo consigo. Sentí una brisa bastante fría, y cuando quise darme cuenta, todo lo que tenía a mi alrededor era agua. Rodeada de agua y oscuridad me percaté de lo que había pasado y nadé hasta la superficie.

-¡Eres un capullo! –le dejé bien claro, mientras notaba la frialdad del agua golpeando en pequeñísimas olas a mi cuello.

-No seas así, no está tan mal el agua –me respondió entre risas en el mismo sitio donde yo había estado hacia unos escasos segundos. Él muy idiota había aprovechado que estaba distraída buscándole para acercarse a mí desde atrás.

La hermosa luz de luna en la que me había fijado hacia unos segundos ahora le estaba enfocando a él en todo su esplendor. Verle a él, en bañador, mojado y con esos mechones de pelo oscuro, cayendo flácidos en su rostro curioso,... no ayudaba mucho a controlar las hormonas.

-¿Se puede saber para que coño te he traído yo la toalla ahora? –le pregunté sacando la toalla que había traído del agua, empapada ahora, obviamente.

-No te pongas así Cait –me contestó con una ligera sonrisa, dando unos pasos hacia mí y cayendo tal cual en la piscina, a mi lado. Me aparté un poco para no empaparme aún más, pero él eliminó esa distancia rápidamente.

-He venido para decirte que las hamburguesas ya están, y tú ¿que haces? Empaparme, eres un crío, Justin –no quería tratarle así, como una madre autoritaria todo el tiempo, cuando lo que debería haber estado haciendo era tratar de conquistarle de nuevo, pero no podía dejar de ser yo misma con él.

-Y tú una mujer –soltó de sopetón, como si no quisiera pensárselo. Ladeé la cabeza y sonreí, eso era más propio del Justin de hacia unos días.

-Te lo he dicho muchas veces,... las mujeres no quieren tener a críos a su lado –alargué mi mano hacia él, y le aparté el pelo mojado de la cara.

Él se lamió el labio y sonrió, pero pude ver perfectamente el dolor en sus ojos. Bien, al menos aún sufría por mí de algún modo.

-Puedo ser un hombre –comentó con una sonrisa mirando hacia otro lado.

-No quiero uno, Justin, quiero al mío.

-¿Por qué...?

-¿Por que qué? –inquirí yo, haciendo que mirará de nuevo hacia mí.

-¿Por qué no te extraña nada de esto? –preguntó con un deje sorprendido, colocando un mechón de mi pelo detrás de mi oreja, enviándome un suave escalofrío.

-¿A qué te refieres?

Ahora él fue quién inclinó la cabeza, pero no sonrió sino que me miró con sincera incredulidad; como si realmente no se creyera que no tuviese ni idea a lo que se estaba refiriendo. Pero claro que la tenía.

-¿Recuerdas la última vez que estuvimos juntos en una piscina? –le pregunté consciente de que no iba a responderme a lo último.

-¿No fue cuando me compré mi primera casa? ¿En la fiesta de inauguración? –le asentí con la cabeza.

***

-¡Tío mira esto! –gritó mi hermano desde el trampolín, justo antes de tirarse en un inútil intento de hacerlo como los profesionales, pero aún así Justin se rió y le siguió él rollo.

Yo estaba en una de las esquinas de la piscina, la cual era mucho más profunda que en la que estábamos por aquel entonces, charlando con Peyton, a quién también habían invitado a la fiesta. El problema aquel día era que no era la única chica a la que habían invitado “demás”. Scooter era quién se había encargado prácticamente de toda la lista de invitados, aunque era algo privado, y exclusivamente para divertirnos, también había invitado a Jasmine, y ni para que decirlo, sorprendentemente por aquel entonces, a Selena.

Quién más había disfrutado de aquella pequeña sorpresa era mi hermano, quién para aquel entonces estaba totalmente obsesionado con ella. Pero también había descubierto a Justin mirándola de una manera parecida a la que lo había hecho Chris, por lo que no pude evitar ponerme celosa; llevábamos cerca de cinco meses juntos; pese a que pocos de los que estaban allí lo supieran.

En un momento en que Peyton se marchó a coger unas bebidas, Justin se aprovechó de ello para meterse en la piscina y acercarse a mí, prácticamente de la misma manera en la que estábamos ahora. Pero había venido receloso, consciente de que algo llevaba rato comiéndome la cabeza.

-Reina,...-murmuró intentando abrazarme, yo me aparté ligeramente en lo que el espacio me permitió, dejándo las cosas claras- ¿qué ocurre, Caitlin?

-Tú sabrás –le objeté yo, cruzando los brazos en el agua.

-Si te lo preguntó es porque no lo sé –inquirió él con una sonrisa.

-¿Era necesario todo esto, Justin? –quise saber yo, frunciendo los labios, él me miró confundido.

-¿Todo esto? Te refieres a la fiesta, ¿no? –me preguntó él, acariciando ligeramente mi mejilla; no le aparté, me agradaba demasiado el efecto que producía en mi cuerpo cuando me tocaba.

-No, me refiero a la manera en la que tratas a Jasmine, a la manera en la que has mirado a Selena,...

-No tienes porqué ponerte celosa, Cait –aclaró él riéndose, entendiendo al fin todo y atrampándome rápidamente en sus brazos para que yo no pudiese negarme a evitarle.

-Oooh, pues siento decirte que no eres aquí él único que se pone celoso –le comenté comenzando a reírme con él; lo veía todo tan sencillo para aquel entonces.

-Sabes que te quiero, reina –me recordó él apoyando su cabeza en mi hombro.

-Yo también te quiero, Jus –dije antes de notar algo frío en mi espalda- ¡Idiota!

Le aparté de mí, empujándole con una mano, mientras con la otra atrapaba los lazos del biquini que él casi había desabrochado. Lo más irónico de todo era que él continuaba sonriendo, y yo no podía evitar devolverle la sonrisa.

-¿Qué me estabas diciendo? –quiso saber él con una mirada inocente.

-Que te largues un ratito a disfrutar de tu fiesta, Justin –le respondí yo mientras Peyton regresaba y miraba la escena con la sorpresa escrita en su cara.

Segundos después, él estaba hablando con alguien mientras yo le pedía a Peyton que me ayudase a ponerme bien de nuevo la parte de arriba del biquini.

***

-Si que era un crío, sí –musitó él recordando lo mismo que yo.

-¿A quién quieres engañar? De estar en la misma situación ahora, harías exactamente lo mismo.

-No es verdad, no podría,... –por un segundo creí que se estaba refiriendo a Selena- no llevas puesto el bañador.

Reí.

-En serio, ¿eso es lo único que te lo impide?

-¿Me estás retando, Caitlin?

-No, tú me estás me estás provocando, Justin –objeté yo, siendo completamente sincera.

En ese momento distinguí la voz de su padre llamándonos desde a lo lejos; y ambos nos míranos conscientes de que nos esperaban. Salimos de la piscina segundos después, y no nos quedó más remedio, por su culpa, que entrar en la casa empapados.

Al menos, yo pude dejar mis zapatos afuera de la casa, y cuando volvimos a su habitación me prestó un albornoz. Justo antes de marcharme, cuando él continuaba secándose, me llamó de nuevo, no fue más que un susurro, pero yo me giré sin pensármelo dos segundos.

-Sigo sin entenderlo, Caitlin –dijo, curvando lentamente las comisuras de sus labios.

Eché una ligera mirada hacia la parte de atrás de su cama, donde yo había vuelto a esconder el corsage.

-Y yo sigo sin entender como aún no te has dado cuenta de lo que nos pasa.




martes, 16 de octubre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 24






































Vuelve a casa por mí
Temporada 2
Capítulo 24

-Tengo hambre –inquirió Jazzy frotándose ligeramente la barriga en el sofá y soltando el mando de la televisión con el cual llevaba haciendo zapping como un cuarto de hora. Jaxon, que había estado jugando en el suelo, cerca de su hermana, se levantó apoyándose en el sofá y secundo de alguna manera la petición de Jazzy.

Los demás finalmente se habían marchado, solo quedábamos en la casa los niños, Jeremy, Christian, Justin y yo. Jeremy, que por su parte había estado todo ese tiempo cerca de sus hijos, se mostró confundido ante la idea de que prepararles. Christian y yo estábamos sentados en el sofá que quedaba en frente de ellos; bueno, mi hermano estaba sentado allí, yo más bien estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá en cuestión, y apunto de quedarme sin uñas, del tiempo que llevaba allí comiéndomelas.

-Siempre podríamos pedir una pizza, Jer –sugirió Chris, que llevaba ya un buen rato entretenido con su teléfono, probablemente en twitter.

-Bueno, voy a preguntarle a Justin,...

-¡No! –saltó él en respuesta, Jeremy le miró confundido cuando ya estaba apunto de levantarse, mientras él me miraba a mí- que vaya Caitlin mejor, tú sigue ahí con los niños.

La indirecta de mi hermano fue sumamente obvia, tanto que no me extraño que su padre nos mirase con los ojos entrecerrados mientras yo me levantaba del sitio donde me encontraba en ese momento, y me dirigía a la habitación de Justin.

***

La casa tenía básicamente tres plantas, y la inmensa mayoría de las habitaciones o las salas por así llamarlas “entretenidas” se encontraban en los pisos superiores. Aunque por lo visto y pese a todo, él había dejado bien claro que quería que su habitación estuviese en el piso de abajo. Y seguía sin encontrarle un motivo razonable a ello.

Cuando dí la vuelta al piso de abajo, me encontré la puerta de su cuarto abierta, en otra situación, incluso podría haberla entendido como una invitación. Pero tenía claro que la había dejado abierta simplemente porque se había olvidado de ella.

Antes de entrar le eché un ligero vistazo a la puerta que estaba al lado de la de su habitación, por lo que tenía entendido, esa era la que correspondía con su armario-vestidor; y por lo que podría imaginarme, tendría unas dimensiones envidiables para cualquier persona.

Cuando finalmente entré, no me sorprendió nada de lo que me encontré. Bueno, nada salvo el hecho de que Justin no se encontraba allí. La habitación en sí no tenía más de tamaño que lo que podía haber tenido su cuarto en el  autobús de la gira; por lo que tendría que estar en algunas de las salas que se conectaban desde ella.

-¿Justin? –le llamé paseándome ligeramente por allí. Me quedé parada sin poderlo evitar en la cómoda oscura que tenía. Colgado encima de ella, había un considerable cuadro, donde se veía la fotografía de un enorme público, sacada desde la perspectiva del escenario. Sonreí casi sin poderlo evitar, no podía tenerlo por seguro, pero me jugaba lo que fuera a que probablemente sería el Madison Square Garden.

Encima de la cómoda, había más bien, poca cosa, solo ese portátil que tenía desde el 2009, lleno de dibujos, y unas cuantas fotos, de su equipo en las giras, de sus amigos, de su familia; incluso me reí al darme cuenta de que tenía un único marco reservado solo para su hermana pequeña.

--¿Entretenida? –preguntó, su voz vino desde mi izquierda, por lo que me giré hacia la puerta que daba a su armario-vestidor. Aunque tan rápido como me giré hacia allí, volví a mi anterior posición; y como sin poderlo evitar soltó ante mi acción, con un tono dolido- ¿qué he hecho ahora?

-Nada, pero deberías ponerte una camiseta, ¿no crees? –inquirí ligeramente sonrojada sin poderlo evitar, y él se rió; aunque oí su risa algo ahogada por lo que supe que se había vuelto a meter dentro, y pude mirar de nuevo.

-La verdad es que pensaba meterme en la piscina un rato, Caitlin –me contestó él mientras oía como rebuscaba algo en su armario, había vuelto a dejar la puerta, invitando de nuevo a la chica curiosa que había en mí, a pasar más allá de esa franja. Y me dí el lujo de echar un vistazo.

Habría como seis enormes muebles, donde pude divisar que tenía por separado las cosas, en el más cercano a mí tenía toda su colección de gorras separadas por colores y tonalidades, en el más lejano por lo que conseguí ver era donde estaba su colección de supras; los demás estaban divididos entre camisetas, vaqueros y chaquetas.

Justin, sin embargo se encontraba en la pared pegada a la puerta de entrada, no muy lejos de mí, que básicamente podía recordar a un panel de abejas, buscando entre varios de lo que parecían ser sus bañadores.

Me ponía nerviosa tenerlo cerca de mí sin camiseta, para que iba a negarlo.

-Creo que ya vamos a cenar –le comenté mientras él seguía en lo suyo, intentando decidirse entre un bañador gris y otro azul claro, interiormente elegí el gris; y me sorprendió cuando ví que él soltaba el azul de nuevo en su sitio- y venía a preguntarte si querías que pidiésemos pizza.

-La verdad es que hoy no tengo ganas de pizza –objetó él mientras se metía en lo que parecía ser un pequeño probador, yo no pase de ahí.

-¿Es el fin del mundo? –le pregunté alzando la voz, y fingiendo algo de miedo, oí su nítida risa desde ahí. Pasaron unos ligeros segundos, hasta que solté sin pensármelo mucho- Siempre podría cocinar yo,...

-Me apetecen hamburguesas –casi le contesté con un insulto, porque parecía que se estaba muriendo de ganas de que fuera yo quién le cocinara, y lo habría hecho de no haber dicho que quería que le cocinase hamburguesas, otra vez,...

-Está bien, pero deja lo de la piscina para después entonces –le pedí yo apoyándome en el marco de la puerta. Justin salió justo entonces, con el bañador puesto, evidentemente ambos habíamos tenido razón y el gris era el que mejor le quedaba. Se acercó hacia la puerta, donde yo me encontraba cogiendo una toalla por el camino, cuando llegó a mi altura, me puso la toalla doblada en un hombro y sonrió con sincera alegría. Tampoco había que decir que aquello casi me volvió a dejar sin respiración.

-Solo va a ser un rato, Cait, no empieces a preocuparte por mí como cuando fuimos a la playa, o como cuando enfermé,...

Pasó por mi lado y yo casi no pude evitar decir lo que dije.

-Tú querías que te cuidase cuando te enfermaste aquella vez.

Se quedó parado en el acto, cerca de la puerta para salir de la habitación, sentí mariposas en el estomago cuando ví los músculos de su espalda contraerse. Se giró hacia mi confundido y se lamió el labio inferior.

-¿Quién te ha dicho eso?

-¿Me vas a decir que es mentira? –le pregunté yo cruzando los brazos, ligeramente incómoda. Había sido un crío y no había querido decírmelo por aquel entonces, aunque lo había hecho hacía unas semanas, en el ascensor donde nos habíamos quedado atrapados. Aunque evidentemente de eso no podía acordarse. Tenía que haberme mordido la lengua. Suspiré y bajé mis brazos.

-No, no he dicho que lo sea, pero,... –negó fuertemente con la cabeza- ¿Sabes qué? No importa, me salgo fuera, ya me avisaréis cuando terminéis con la comida.

Salió así, tal cual de la habitación, dejándome a mí sola, y estuve a punto de irme de allí, si no hubiese sido por la bolsa blanca que distinguí de casualidad al borde la cama. No tenía muy seguro si podría abrirla, sería algo suyo; pero no pude evitar preguntarme, porque podría tener algo tan celosamente escondido.

Y no pude evitar sonreír con cariño, cuando distinguí lo que se encontraba en la caja transparente que había dentro de la bolsa.

Un corsage de graduación de una suave tonalidad nudge.











domingo, 14 de octubre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 23









































Vuelve a casa por mí
Capítulo23
2º Temporada 



-Lo siento mucho, Caitlin –me repitió por centésima vez Christian, mientras esperábamos fuera a que Justin terminase de recoger sus cosas y rellenar algo de papeleo.

-Tú no tienes la culpa, Chris –le respondí yo también por centésima vez, mientras me distraía enrollando un mechón de mi pelo en mi dedo. Intentaba evitar pensar completamente en ello.

De algún modo me siento algo responsable, era yo quién no quería que volvieseis a salir de vuelta; pero nunca pude imaginarme que pudiese llegar un momento en el que él simplemente,...

-No se acuerda de mí –le repetí mirándole aquella vez.

-Bueno, sí que se acuerda de ti... –murmuró él esquivando mi mirada.

-Ya claro, exactamente como el mes pasado,... Chris, se ha olvidado de las dos últimas semanas, precisamente de esas,... –le recordé yo con la voz ligeramente rota en las últimas tres palabras.

-No será para siempre –aseguró él con aplomo.

-Sé lo que es la amnesia postraumática, ¿vale? Pero parece que hay algo que tú aún no entiendes –alcé ligeramente las comisuras de mis labios, esbozando una triste sonrisa.

-¿Qué es? –inquirió él, confundido.

-No sabemos cuanto tiempo puede llevar esto, y nosotros no le podemos contar nada, así por las buenas,... Puede tardar días, semanas, o incluso meses,... Puede que dos semanas no signifiquen nada para otras personas, pero estas dos últimas habían sido nuestras dos últimas semanas,....

-Estás asustada,...

-¡Joder, claro que estoy asustada! –solté yo, igual que si hubiese accionado un interruptor dentro de mí.

Le volví a mirar, con las lágrimas quemando por salir de mis ojos; aunque aquella vez, no eran lágrimas de tristeza sino de rabia, de rabia e impotencia por no poder hacer nada para remediar aquello.

-¿Qué va a pasar, eh? –pregunté mirando de nuevo al frente, aquello no iba dirigido a mi hermano, iba dirigido a mí misma- Para Justin ahora, todo sigue exactamente como antes, su relación con ella sigue igual, nada ha cambiado. Y puede que, si algún día llega a recordar lo que pasó, llegado un momento,... ya no le importe.

Hubo un extraño silencio entre nosotros, hasta que no pude evitar murmurar:

-No sé que hacer.

-Recuérdaselo.

Chris soltó aquello tan de repente y tan convencido, que me dejó sorprendida por unos segundos, hasta que negué con la cabeza.

-Sabes perfectamente que no podemos.

-No me refiero a eso –rió- Si Justin tenía realmente esos sentimientos por ti hace dos semanas y estando contigo, por decirlo de algún modo, “revivieron”,... Haz eso, repite la historia. No le recuerdes lo que ha pasado entre vosotros estas dos últimas semanas; recuérdale que sus sentimientos por ti siguen dentro de él, que no quiere a Selena,...

-Él sí quiere a Selena –le contradije en un susurro, lo había visto con mis propios ojos.

-Pero está enamorado de ti, Caitlin –me respondió mientras veíamos llegar a los demás desde lejos.

Justin llevaba a Jazzy en brazos, pero pese a todo, una de sus manos estaba unida a la de ella. Aquella vez, sorprendentemente, no me dolió ver aquello, porque me dí cuenta de que Selena estaba ligeramente reacia  consciente finalmente de la situación, y también de que podía no durar mucho. Miré a mi hermano y sonreí.

-Está bien, lo haré.

***

Cuando finalmente salimos del hospital, un gran alivio personal de mi parte, tuvimos que sortear la barrera de paparazzis que aún permanecían fuera del lugar.

Entrando en los dos coches que nos esperaban, ambos con los cristales totalmente ahumados, me dí cuenta de que si realmente intentaba hacer lo que mi hermano me había sugerido, necesitaba un plan. Plan, que no tenía, precisamente.

Ambos vehículos se dirigían al mismo lugar, la casa de Justin, pero yo fui en el coche distinto al suyo; pues Kenny y Jeremy eran los que conducían, y contando que en ambos coches tenía que ir uno de los niños, yo no pensaba ir sola con ellos dos en el coche, la situación habría sido demasiado... extraña.

Cuando los coches llegaron a su destino, todos salimos extrañamente sin muchos ánimos. El único que parecía estar de un mejor humor era Justin. Al entrar, finalmente Pattie rompió aquel extraño silencio casi general:

-¿Queréis un café?

La mayoría asentimos sin más dilación. Eché un vistazo a su nueva casa sin poderlo evitar; era un nuevo lugar, pero los muebles eran prácticamente iguales que los del anterior. Sonreí.

-¿Caitlin?

Bajé la mirada y me topé con el rostro de Jazzy, que me hizo una seña a mi regazo, asentí y la acomodé en él.

-Papá, ya sabes que Erin y tú os podéis quedar en el piso de arriba,... –oí de repente la voz de Justin, al parecer me había perdido parte de la conversación.

-Os podéis quedar, Jeremy, ya sabes que tengo el festival con Mandy, tendré que irme dentro de un rato –él asintió sin añadir más discusión al tema. Por lo que a mí me pareció aquello ya no tenía solución. Aunque claro, yo no era nadie precisamente para juzgar,...

-Pues vale,... –murmuró Justin con tono irónico mientras Selena le lanzaba una mirada dubitativa, estaba sentada en uno de los brazos del sofá más grande, a su lado. De repente, Justin miró a mi hermano- ¿Y vosotros?

De nuevo me volvió a molestar que se volviese a referir a él, y no a mí.

-¿Si nos quedamos? –inquirió Chris, él asintió y sonrió- Bueno, supongo que podríamos... verdad, ¿Caitlin?

No dudé en mi respuesta.

-Desde luego –Jazzy sonrió.

-Ya somos más,... ¿y tú?

Casi me da un vuelco el corazón al ver la posibilidad de pasar una noche en su casa, con Selena; porque evidentemente, ahora, él no le estaría ofreciendo el piso de arriba, él le estaba ofreciendo su habitación. Indirectamente, desde luego.

-Sabes que no puedo. Ya le he contado todo lo que ha pasado a mi madre y esta noche me quiere en casa, así que.... –me dí cuenta de que realmente lo decía apenada, porque se podía dar cuenta de que estaba perdiendo una oportunidad.

Y yo me percaté, con mucho pesar, de que, de repente, toda aquella historia se había transformado sin poderlo evitar, en un juego, uno muy difícil, donde probablemente lo que me estaba jugando era mi futuro, con él.

viernes, 5 de octubre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 22






































ADVERTENCIA: Tiene algunos cambios con respecto a la historia original, no me matéis por ello, tenedlo siempre presente.

Vuelve a casa por mí
Segunda Temporada
Capítulo 22

Nunca me habían gustado los hospitales.

Pero cuando finalmente entramos, sorteando a varios paparazzis que había por el lugar, no tardamos en encontrar alguna manera de llegar hasta Justin. Pues era Kenny quién precisamente estaba en el piso de abajo, sacando varios cafés de una máquina.

Me calmo ligeramente mientras nos acercábamos a él, el hecho de que pareciese estar bien, no parecía sumamente preocupado; por lo que podía tener por seguro que a Justin no le había pasado nada sumamente malo.

Pero todo cambió cuando mi hermano le llamo y él se giró sorprendido, demasiado sorprendido de vernos. De hecho, podía decirse que la máxima sorpresa la había puesto al verme a mí; y no pude evitar preguntarme el motivo. Puede que tampoco se esperase que fuera a venir estando allí Selena.

Ese pensamiento me hizo recordar de repente el hecho de que Justin no había estado solo cuando el accidente, pues ella iba en el asiento del copiloto, con él.

-Kenny, al fin encontramos a alguien,... –dijo mi hermano, poniéndose bien la mochila a su espalda.

-Sí, bueno,... Me alegro de veros –le respondió con una ligera sonrisa. Por su mirada, perfectamente podía decir que se alegraba de verle a él, no a mí.

-¿Cómo está? –susurré.

-¿Justin? –me faltó poco para soltar un suspiro de frustración, obvio que me estaba refiriendo a él; no había tomado un avión para enterarme de cómo estaba Selena- Bien, está bien.

Casi se me descuelga la mandíbula por aquel entonces, al igual que a Chris.

-¿Cómo que bien? –inquirí- tiene una accidente de coche, me pasó horas llamándoos a todos, nadie me contesta, ¿y se supone que tengo que creerme que está bien?

-La verdad es que es un poco más complicado que eso,... –murmuró Kenny mientras sacaba el último café de la máquina. Hice una ligera cuenta, seis cafés; Kenny, Pattie, y,... ¿quién más?

-¿Quién más está aquí, Kenny? –le pregunté señalándole con la cabeza la bandeja de los cafés, él le echó una ligera mirada antes de mirarme a mí, ligeramente incómodo.

-Sus abuelos, Jeremy, con Erin, y también han traído a los niños,... –respondió.

-¿La familia entera? ¿Y me vas a seguir diciendo qué no le ha pasado nada?,...

-Exacto, no somos tontos, Kenny; somos amigos desde hace años, ¿por qué demonios no quieres contarnos lo que ha pasado? –quiso saber Chris mirándole con incredulidad.

-No creo que me convenga hacer eso a mí –le respondió él con un suspiro.

-Pues llévanos con Pattie entonces –nos miró durante un ligero rato, hasta que finalmente comenzó a asentir con la cabeza.

-Está bien, supongo que es lo mejor,...

La subida hasta la cuarta planta, no fue sumamente placentera; desde mi estancia obligada en el hospital, mi peor calvario era volver a ellos; ver a todas esas personas hospitalizadas, a tantas familias preocupadas,...

Fue irónico que incluso hubiese seguridad en la planta donde tenían a Justin. Ya me podía hacer a la idea de que el hospital se estaba encargando de contestar con mentiras a todas las personas que probablemente estarían llamando para saber de él. No sería la primera vez.

Cuando finalmente distinguí a Moshe, se me aceleró el corazón al encontrar a Pattie sentada en uno de los bancos de afuera de una habitación. Ella no tardó en fijarse en nosotros; y como Kenny pareció que tampoco le hacía especialmente gracia que precisamente yo, estuviese allí.

-¿Qué haces aquí, Caitlin? –inquirió ella con toda la tranquilidad que pudo, pero yo me alegré de que alguien sacase al fin el tema de las miraditas que me dirigían.

-¿Está mal que esté aquí? No puedo enterarme yo acaso de cómo está...

-No, no,...no seas boba, no estaba intentado decir eso –aclaró ella mientras tomaba la bandeja de cafés que Kenny le ofrecía y la ponía en el banco que acababa de dejar.

-¿Qué ha pasado Pattie? –no pude evitarlo y se me quebró la voz en la última parte. Los ojos de su madre brillaron, comprendiendo al fin algo, y esbozo una ligerísima sonrisa.

-Sentaos, os lo contaré.

Dejó a un lado la bandeja, y nos sentamos con ella.

-Sobre el accidente en general, no sé mucho solo lo que me ha contado Selena,...

-¿Selena está bien? –inquirió mi hermano, consciente de que en ningún momento habíamos preguntado por ella.

-Sí, solo tiene una ligera torcedura en la mano izquierda, no tiene nada grave –le contestó con tranquilidad.

Y no sabía porqué, pero eso me dio a entender a mí, justo en ese momento, que lo fuera lo que tuviera Justin, sí que lo era.

-¿Y él?

-Sí bueno, es algo complicado,...

***

Cuando abrimos la puerta de la habitación donde estaba Justin, todo se magnífico de una manera peculiar. Jeremy, que hacía escasos minutos que había vuelto a aparecer, fue el primero en entrar, con sus hermanos.

Se encontraba sentado, en un lado de la cama, dando la espalda a cualquiera que pudiese entrar a la habitación; Alfredo estaba a unos pocos metros, delante de él, y sentado en un pequeño sofá; probablemente habían estado hablado antes de que nosotros entrásemos.

Su hermana fue la primera en hablar, o más bien, en saludarle.

-¡Justin! –gritó la niña, mientras daba la vuelta a la cama donde estaba su hermano, esté se levantó y justo cuando llegó a su altura, la cogió en brazos.

Este detalle, me permitió finalmente mirarle a la cara. Estaba perfectamente normal; todo parecía estar bien, salvo que me pude percatar perfectamente, del ligero chichón que se le divisaba en el lado izquierdo de la cabeza

-¿Cómo estás preciosa? –dijo Justin, mientras Jazzy le miraba con cara rara.

-Tú estás aquí, yo te tengo que preguntar eso –inquirió la niña mientras la sentaba en la cama.

-Ya, bueno, pero yo estoy bien; sigo sin entender por qué habéis venido todos al,... –se calló de sopetón, precisamente porque acabó por reconocerme entre toda la gente que había allí.

-Caitlin,... –no pude describir cuan mezcla de emociones se le vieron en el rostro cuando dijo mi nombre; pero sentí una ligera punzada de dolor en el pecho, porque después de todo, entre esa mezcla, no pude distinguir la más importante para mí. No pude distinguir el amor.

Se acercó a nosotros, y primero abrazó a mi hermano, el cual lo miraba totalmente confundido aún. Y mientras ellos se abrazaban, distinguí la mirada de pena que me dirigió Pattie; probablemente podría ver el dolor escrito en mi rostro.

Cuando finalmente me abrazó, sentí un sumo ahogo por todo el cuerpo. Pues este, reaccionaba al suyo, como siempre, pero mi mente me prohibía decirle nada de todo aquello que necesitaba decirle.

¿Dónde está mi Justin? ¿Por qué me has vuelto a dejar sola?

Se apartó de mí con suavidad y sonrió.

-No esperaba que vinieras,... –miró a mi hermano, y luego hacia mí, de nuevo- bueno, ninguno, en realidad. Hace meses ya que no os veo, chicos,... Pero ya os digo, que no teníais porque molestaros en venir, no consigo entender esa preocupación, de verdad,...

-Hemos venido por ti,...

Sentí un tremendo nudo en la garganta. Necesitaba llorar, desahogarme. Pero me negaba a hacerlo delante de todas esas personas, me negaba a hacerlo delante, delante de ese Justin, que volvía a no ser mi Justin.

La puerta se abrió de repente, y por ella apareció Selena, sola. Al igual que Justin, también llevaba puesta la ropa de calle; pero a diferencia de él; llevaba con sumo cuidado una venda en la muñeca izquierda.

Casi se me calló el alma a los pies, cuando todos se volvieron rápidamente a observarla, incluido él. Y sí, volví a leer una nueva mezcla de emociones escrita en su rostro, totalmente distinta a la mía, hacía escasos segundos. Había reconocimiento, aprecio, complicidad, confianza, y...

Una suave sonrisa se extendió por su rostro, y yo tuve que tragarme de nuevo las lágrimas que amenazaban con salir.

Rápidamente, Justin se apartó de mí, y corrió a estrechar a Selena en sus brazos.

...amor...

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 1
Vuelve a casa por mí

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