viernes, 21 de diciembre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 29








Vuelve a casa por mí
Temporada 2
Capítulo 29

Cameron,...

Maldición, me había olvidado completamente de él.

-¿Puedo ver el mensaje? -le pedí a Justin con la esperanza de que no pusiera ninguna objeción. Por suerte no la hizo; solo se encogió de hombros.

-Si sabes de que va la cosa, pues supongo,... -murmuró mientras me tendía el teléfono. Nada más leer el mensaje, todo el calor se marchó de mi rostro, incluso noté como se me secaba rápidamente la boca.

-¿Estás bien, Caitlin? -inquirió Justin, con la voz teñida por la angustia.

Tragué saliva.

Sé que vas a estar mañana en la graduación.
No te preguntes como conseguí tu número, es una larga historia.
Solo quiero una cosa, quiero que la traigas de vuelta.
No tengo idea de que habrá pasado estos días, pero aunque no te lo creas me he enterado de cosas realmente interesantes de vuestro pasado.
Y sí, me refiero a lo que de verdad pasó. Así que, sí, quiero que vengas tú también, quiero recordártelo en la cara, delante de ella, veremos entonces como cambian las cosas.

Dios, ¿por qué aquel mensaje me recordaba perfectamente al típico mensaje del novio celoso de una película de miedo? ¿Había salido y besado a un maníaco acaso? De hecho, ni siquiera yo llegué a comprender muchas partes al principio.

Primero de todo, ¿cómo demonios se había enterado Cam de que él iba a estar en la fiesta. Solo Chris, yo, y los conocidos de Justin lo sabían,... ¿Quién demonios le había contado lo que realmente le había pasado entre nosotros? Seguramente habría sido la misma persona que le había dado su número de teléfono.

Segundo, ¿qué se supone que quería conmigo? Porque según se podía entender en el mensaje, yo parecía ser como un premio por el que ambos tendrían que verse las caras. Además, sabía que había salido con Cam, que incluso le había besado, pero después había ignorado sus llamadas con la esperanza de que entendiera que realmente no quería nada con él; sintiéndome fatal en el fondo por no tener el valor de enfrentarle, pero era ese precisamente el motivo por el cual no conseguía entender el porque parecía albergar ilusiones de que de algún modo iba a volver con él.

Pese a todo, aquello no era lo que me había hecho palidecer en realidad. La verdadera razón era que,...tenía miedo de que volviera a recordar delante de todos nuestro pasado. No quería volver a revivirlo, de ningún modo posible.

-¿Caitlin? -murmuró Justin en voz más baja. Le miré con el miedo reflejado en mi cara, porque justo entonces caí en la cuenta de que él no podía verse con Cameron ahora; no lo reconocería, y él acabaría contándole algo sobre aquellas dos últimas semanas- ¿Qué pasa con ese Cameron?

Casi se me cayó el alma a los pies cuando detecté sus celos en aquella última pregunta.

-¿A qué te refieres? -le pregunté ligeramente abrumada por todo el repentino momento.

Suspiró frustrado, echando sin darse cuenta algunos mechones de su pelo desordenado hacia atrás, me distraje demasiado con aquel movimiento para poder ser bueno.

-Es obvio que la historia va contigo -respondió él con una ligera sonrisa- Eres la única chica con la que tengo un pasado que realmente valga la pena recordar.

-¿Recuerdas nuestro pasado? -inquirí con una ceja alzada. No recuerdas hace dos semanas, cuando me atreví a besarte, después de años muriéndome por volver a hacerlo, ni cuando nos fuimos a comer tacos y te limpié la boca como a un niño pequeño, ni siquiera ese paseo que dimos con tus hermanos. Y ni mucho menos recuerdas el dolor que sentí cuando ví aparecer esas imágenes besándote con Selena en la playa, ni nuestra pelea al día siguiente; olvidaste nuestra reconciliación días después en mi habitación, el trato que yo te prometí; y por encima de todo, y al parecer, olvidaste ese brillo en tus ojos cuando me oíste decirte de nuevo: “Yo también te quiero, Justin”

Quise decirle todo aquello, desde luego, pero no lo hice.

-Claro -respondió él como a algo obvio, como si incluso la pregunta le hubiese ofendido- es por eso que pienso ir mañana a esa graduación.

No preví mi propia reacción, pero prácticamente salté de la cama, soltando un sencillo “no” y me puse a dar vueltas por la habitación frotándome los ojos por el sueño que me percaté que tenía.

-No voy a discutir contigo esto, Caitlin -quiso dejar él bien claro desde su posición en la cama. Me paré delante de la cómoda que miraba a la cama y me incliné apoyando las manos en las caderas.

- Pues lo siento por ti, pero esto es algo que merecer ser discutido, -objeté yo- básicamente porque yo estoy metida de por medio.

-Por lo visto él quiere hablar conmigo, así que,...

-Oh, créeme, sé lo que se propone Cameron,... -murmuré yo sin poderlo evitar, e inmediatamente me mordí la lengua.

-¿Ah, sí? ¿Y por qué no me cuentas lo que quiere ese tipo contigo exactamente? -me revocó él mientras se levantaba de la cama y se ponía a mi altura- Porque parece muy empeñado en tenerte “de vuelta”.

Casi me sacó una sonrisa cuando realizó esas comillas de verdad.

-Supongo que querrá remover todo lo que pasó, para,... asegurarse de que ya no hay nada entre nosotros -no podía decirle que realmente lo que buscaba sería separarnos por aquel entonces, con aquello se tendría que conformar- No pareció entender el no.

-¿Le rechazaste?

-Obvio -le respondí ligeramente indignada.

-Bien hecho, con ese mensaje, parece un maníaco -me sonrió con mucha más tranquilidad, y casi sin darme cuenta las comisuras de mis labios también se elevaron para devolverle aquella cálida sonrisa.

Estaba delante de mí, reclinado en el pequeño mueble oscuro que tenía a los pies de la cama. Yo me continuaba en la misma posición, y no pude evitar querer acercarme a él. Mi mente se podía controlar con esfuerzo, pero mi cuerpo, siempre optaba por lo más sencillo cuando se encontraba cerca de él.

-¿De verdad estarás mañana allí? -le pregunté obligándome a mí misma a alzar la mirada y atreverme a mirarle directamente a los ojos.

-Claro -me atrapó una de las manos, y la entrelazó con una de las suyas- Pero ahora, saltándonos todo este drama, hay algo más importante de lo que debemos discutir Caitlin.

-¿Qué es lo que pasa ahora? -murmuré algo confusa; y sí, debía admitir que era por el simple hecho de que él estaba tocándome, de nuevo.

-Respecto a lo de mañana,... -le enarqué una ceja, esperando la continuación- Espero verte con un vestido un alucinante.

Un pequeño soplo de calor de instauró en mi pecho al oír aquellas palabras, el cual se unió a la sonrisa que le dediqué.

-Desde luego, puedes estar tranquilo sobre eso...será cortísimo.

Sonrió.





viernes, 7 de diciembre de 2012

Rendición -Capítulo 1














Rendición
Capítulo 1

El reflejo del espejo mostró aquella mañana mi rostro sumamente cansado. A pesar de que habíamos hecho el viaje durante gran parte de la tarde del día anterior y de que había conseguido dormir en mi antigua habitación cerca de ocho horas, no podía ocultar cuan agotada estaba, emocionalmente desde luego.

Pasé mis manos alrededor de mi larga melena ondulada y ligeramente despeinada; siempre era una gran batalla el dejarla en condiciones cada día.
Y observé directamente mis ojos color café oscuro que poseían un brillo especial aquel día, a peshar de todo lo ocurrido; sabía el motivo del porque estaban así.

Estaba de vuelta en casa después de más de cuatro años. Había vivido en la pequeña Elizabethville desde que tenía uso de razón; era mi hogar, sin lugar a dudas. Pero en el año en el que me disponía a entrar en el instituto, a mi padre le salió un importante trabajo en Nueva York, por lo que no le quedó más remedió que marcharse a vivir allá; y como no, toda su familia tuvo que seguirlo. Y cuando me refiero a toda su “familia”, me refiero a mi hermano mayor, a mi madrastra y a mí.

Nadie más que yo tuvo la oportunidad de quedarse en Elizabethville pese a todo. Tenía una tía, a la que adoraba con la vida, que era plenamente consciente del hecho de que yo no deseaba irme de allí, y me ofreció quedarme con ella todo el tiempo que fuese necesario; incluso se ofreció a discutir con su hermano para que fuera como fuera yo pudiese quedarme allí.
En definitiva, tuve que negarme, porque tenía una pequeña debilidad, pues yo no podía vivir sin mi hermano. El desprecio que teníamos hacia nuestra madrastra era mutuo, y no podía imaginarme el abandonarle durante varios años, dejándolo solo viviendo con ella.

En resumidas cuentas, me marché con los doce recién cumplidos y finalmente he vuelto con dieciséis años, a punto de cumplir diecisiete. Además, el tiempo que estuve viviendo allí no fue tan desagradable después de todo, y con el paso del tiempo.

Pero no podía negar que deseaba con toda mi alma volver a casa. Había abandonado mi antigua habitación, en la que ahora finalmente me encontraba, había dejado allí a mi tía, a todas mis amigas, a mi antigua clase, y lo más importante, había dejado allí a quién a fin de cuentas podía llamar mi primer amor.

El señor y la señora Reid habían conocido a mi padres incluso antes de que Jack, mi hermano, o yo naciésemos. Pero no había sido hasta que yo cumplí los cinco años, cuando se hicieron inseparables; nos apoyaron cuando ocurrió lo de mi madre y mi hermano no pudo evitar hacerse buen amigo del hijo pequeño de la familia, Matt.

Sorprendente el hijo mayor de esa familia jamás le cayó bien; pero eso nunca me importó; porque la ingenua niña que había en mí, no tardó en darse cuenta de que estaba enamorada de Matt Reid, el mejor amigo de su hermano, y el hermano pequeño del rarito de Will Reid.

Lo que poca gente sabe de esa familia, es que Will es adoptado, porque al parecer, sus padres creyeron que no podrían tener hijos; pero lo irónico fue que escasos dos años de haber adoptado a Will, Lizzie, su madre, se quedó embarazada de Matt. Ninguno de la familia lo esperaba, y ni mucho menos Will, quién según me dijeron cambió totalmente cuando descubrió que iba a llegar a la familia un hijo biológico; volviéndose entonces un niño más arisco y cerrado.

Realmente, Will nunca me cayó mal, a diferencia de a mi hermano, pero rara vez socializó con nosotros; aunque pese a todo, una parte de mí lo entendía. Había crecido en una familia, probablemente con la idea de que toda la atención y cariño iban a caer sobre él; y que de repente apareciera Matt, quién se convirtió rápidamente en en un niño adorable y perfecto para sus padres, no tuvo que ser nada fácil.

Dibujé en mi rostro una sonrisa, mientras continuaba observándome al espejo, habíamos vuelto un domingo, por lo que aún tenía tiempo de ir a visitar a Matt antes de encontrármelo mañana en el instituto. De hecho, ninguno de los Reid sabía que ya habíamos vuelto, habíamos dejado que todo fuese una sorpresa.

Una pequeña parte de mi estaba asustada de lo que iba a encontrarse, ¿que haría si Matt había cambiado demasiado, al igual que su hermano? Yo no era su mejor amiga, ni mucho menos, ese era el lugar de mi hermano; yo no había chateado con él todas las semanas, como había hecho Jack. Matt no tenía porque saber nada de mí, mientras que yo continuaba queriendo saber todo de él.

Es tu culpa, me susurró mi voz interior, pudiste haber encontrado a alguien mejor en Nueva York, pudiste haberte olvidado de él, no lo hiciste, ahora, vive con ello.

Me estaba colocando una chaqueta clara por los hombros, cuando oí un golpe bruto en la puerta de mi habitación, sonreí y la abrí.

- No puedes llamar de otro modo, ¿verdad?

- Desde luego que no, es mi seña de identidad, Becca tontita -se burló él con esa seca sonrisa- ¿estás lista ya? Porque estoy cansado de esperarte ya, o estas lista, o te juro que me marcho ya; no eres la única que tiene ganas de ver a Matt, ¿sabes?

Le dí un fuerte golpe en el hombro, y él soltó un suspiro ahogado, sonreí interiormente por mis grandes progresos.

Fíjate, nunca pensé que esas clases de defensa personal fuesen a servir para algo,...

Pues ya ves que sí, y ahora déjame paso o ya sabes lo que puedo hacer contigo, yo solo te aviso, hermanito.

Se alejó de mí con una mueca y ambos bajamos al salón, donde por suerte solo se encontraba papá.

- ¿ Vais a ver a los Reid? -así era mi padre, ni un buen día, ni nada, ¿a donde vais?

- Sí, ¿no vienes? -murmuré yo, a sabiendas de lo que iba a decirme, ¿qué para qué preguntaba entonces? La esperanza era lo último que se pierde, supongo.

- No, Amanda ha ido a encargar la nueva estantería, después tenemos que irnos a la cita que tiene con el médico -le dediqué una mueca, mientras sus ojos de repente mostraban un pequeño brillo- pero salúdales de mi parte, y diles que pronto nos pasaremos nosotros.

- Claro, papá, lo haremos -le respondió Jack sacando las llaves de su nuevo y flamante coche del bolsillo de sus vaqueros desgastados.

Mi adorado hermanito sonrió como un tonto mientras entrabamos en el ford mustang coupe que había tardado como dos años en y medio en conseguir el dinero necesario para comprarlo. Papá había ofrecido ayudarle en algo para comprarlo, pero Jack se había negado en redondo; por lo que aquel coche era todo fruto de sus trabajos a media jornada y de su esfuerzo ahorrando. No era el único que estaba orgulloso de él mismo, pues yo también lo estaba, así que no me quedó más remedio que devolverle una sonrisa de camaradería.

El trayecto hacia la casa de los Reid no nos llevó más de diez minutos, era bastante cómodo el hecho de que vivíamos relativamente cerca, pero Jack deseaba tener su viaje de estreno con su Mustang, por lo que yo no pude quejarme de nada, además el coche iba a las mil maravillas para su regocijo personal.

Aparcamos en la acera de la casa sin sorprendernos de encontrar a Lizzie arreglando las flores del jardín, le había encantado la jardinería desde siempre, y su jardín siempre había sido algo digno de ver, pese a todo ella si que se sorprendió.

Obviamente no esperaba ver precisamente a un mustang negro y resplandeciente aparcar delante de su casa, y ni mucho menos que fuésemos nosotros los que bajasemos de él.

Aunque la sonrisa no tardó nada en llegar a su rostro, y vinó corriendo a abrazarme, me reí involuntariamente mientras me apretujaba contra su pecho como si aún fuese una niña pequeña. Cuando finalmente me soltó, consiguió murmurar, algo cansada:

- Dios, no me creo que estéis aquí, chicos,...señor, estáis enormes, ¿me he hecho tan vieja ya?

Jack y yo sonreímos a Lizzie con ganas, aquella mujer era sumamente agradable con todos, y siempre la habíamos tomado como una tía más, casi como a una madre.

- ¿Está Matt en casa? -solté sin poderlo evitar, y probablemente debí haberme callado, tenía sentido que Jack fuera el que preguntase eso, no yo. Mi hermano sonrió irónico mientras me miraba, Te mueres de ganas, ¿verdad?, parecía decir su mirada, le saqué la lengua disimuladamente mientras Lizzie echaba un ligero vistazo hacia la casa.

- Pues no sabría decirte la verdad, este chico últimamente sale de casa a su antojo, sin avisar a nadie,... supongo que será por la edad -comentó su madre mientras hacía una ligera mueca. Un pequeño escalofrío me atravesó por dentro, ¿estaba insinuando acaso que Matt tenía novia?

El fuerte ruido de una moto me desconcentró de mis pensamientos, y tanto Jack, como Lizzie y yo nos giramos, para ver aparcar una portentosa moto negra oscura, que traía como conductor a un joven vestido también de oscuro, y que llevaba el casco totalmente cerrado, ocultando su rostro.

- Parece que al menos Will ya ha vuelto -soltó su madre con un ligero alivio impregnado en su voz.

Suspiré, sorprendida, ¿Will? ¿Aquel chico de la chaqueta de cuero negra era, Will? ¿Desde cuando los niños cerrados se convertían en motociclistas con pinta de tipos duros?

El chico, por lo visto Will Reid, se quedó uno segundos más de la cuenta mirando hacia nuestra dirección, sentí un ligero escalofrío de incomodidad cuando me percaté de que a quién miraba a través de ese oscuro casco era a mí, ¿tan raro le parecía que estuviese allí?

- ¡Vamos Will, baja de ese cacharro de una vez, y ven a saludar a Jack y Becca de una vez, ¿quieres?! -inquirió su madre con un tono frustrado.

Will no pareció importarle lo que dijese su madre, simplemente se levantó la visera de su casco, y me dejó comprobar que evidentemente si que se trataba de él, pues ahí continuaban, esos ojos color miel, con ligeras vetas verdes, observándome con sorpresa.









martes, 27 de noviembre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 28



































Vuelve a casa por mí
Capítulo 28
Temporada 2

No hizo nada de aquello. Simplemente, se apartó ligeramente de mi lado y como pudo consiguió abrir las sabanas. Me miró, enarqué una ceja, rió.

-No –me negué sin pensármelo más de dos segundos.

No me importaba el hecho de dormir con él, desde,... que demonios, estaba deseando volver a dormir con él; desde la primera noche que habíamos compartido una cama tenía el pequeño deseo en mi interior de estar así con él todas las noches, pero no en ese momento; no cuando él seguía con la idea en la cabeza de que su novia seguía siendo otra.

-Hubo una temporada en la que dormíamos juntos en la misma habitación,... –objetó él ligeramente indignado por mi rechazo tan rotundo.

***

Sabía de sobra de lo que estaba hablando. Cuando había tenido que mudarse a Atlanta con catorce años, estábamos precisamente en verano, y mis padres nos habían dado permiso a Chris y a mí, para pasar con él las vacaciones. La cuestión fue que ese verano, Justin sólo pudo valerse de la ayuda de Scooter, por lo que todos tuvimos que repartirnos las habitaciones de la casa que tenía él en ese momento.

Pude haber dormido en el cuarto de Pattie, eso era cierto. Pero llevaba años compartiendo la habitación con mi hermano, por lo que me parecía raro dejar de hacerlo incluso en ese momento; y evidentemente que Justin prefería mil veces dormir en la habitación con su mejor amigo a hacerlo en la de su madre.

La historia era graciosa, porque debido al hecho de que éramos tres, nos dieron la habitación más grande que había en la casa después de la de Scoot, pero únicamente había dos camas en las habitaciones, por lo que estuvimos como tres horas discutiendo entre nosotros que podíamos hacer. Justin tenía el sueño pesado, pero mi hermano se movía mucho mientras dormía, por lo que compartir la cama con él sería un verdadero fastidio. Podría haberme ofrecido a compartir la cama sino me hubiese gustado Justin ya desde entonces, porque teniendo esa edad, yo me sonrojaba fácilmente ante el simple pensamiento de pedírselo; además él nunca lo propuso tampoco.

La solución la trajo Kenny media hora después de que nos rindiésemos en nuestra discusión y pensásemos en la idea de sortear quién dormiría en el suelo.

Nada más verlo entrar por la puerta y decir a modo de saludo que había traído una cama hinchable, nos apresuramos todos a abrazarle desesperados.

Como era de esperar Justin me dejó a mí la cama normal y él se quedó con la hinchable que colocaron en el amplio espacio que quedaba entre las otras dos. Realmente me supo fatal aquello, porque nosotros éramos la visita, no él, pero insistió tanto que supe que no tenía nada que hacer.

La noche cayó rápidamente y como yo esperaba mi hermano no tardó más de diez minutos en dormirse una vez había apoyado su cabeza en la almohada. Pero para mi sorpresa Justin seguía alterado por toda la historia de la mudanza y no conseguía dormirse.

Me reí animadamente mientras le observaba dar patadas a las finas sabanas que Pattie le había puesto en la cama, para quitárselas de encima. Soltó un gruñido cuando consiguió liberarse.

-No le veo la gracia.

-Eso es porque no lo estás viendo desde aquí -objeté yo con una sonrisa antes de bostezar.

-Mi madre cree que soy un crío –comentó él mientras echaba las sábanas al suelo.

-Y lo eres, Justin –le recordé yo sin querer herirle de ninguna manera posible. Me miró en el corto espacio que nos separaba y sentí un intenso calor en mi cuerpo, sin embargo me arropé un poco más con la ligerísima sábana que tenía, intentado cubrir algo del rubor de mi rostro, él me miró como si estuviese loca, y yo no pude evitar soltar una pequeña mueca. Me apartó la mirada, pero desde la vista de su perfil, pude ver como sonreía.

Su sonrisa no había cambiado nada en todos esos años.

***

-Eso era porque dormíamos en camas separadas,...

Me miró extrañado por unos segundos hasta que distinguí en sus ojos la compresión, y supe que había recordado esa noche,...

La noche del último cumpleaños de Ryan,...

Probablemente esa podía definirse como la noche hermosa y al mismo tiempo, extraña, que pude haber tenido en toda mi vida.

Hacía como cuatro meses que Justin y yo no nos habíamos visto, puesto que nuestra situación desde que habíamos roto había hecho que las cosas se complicarán a la hora de poder vernos. Yo sólo quería superar lo que había ocurrido cuatro meses atrás; por lo que cuando llegó esa noche me replantee mil y una vez si debía ir a la fiesta en la casa de Ryan.

Desde la primera copa de champagne que había probado en toda mi vida al abrazo que Justin me había dado nada más llegar, recordaría esa noche, todos los días de mi vida.

-Puede que no me creas, Caitlin, pero no me arrepiento de nada de lo que hicimos aquella noche,...

Alcé la comisura de mis labios.

-Creo que el problema es ese, que te creo –dije a la vez que Justin soltaba una mueca al oír un corto pitido, y se sacaba el iphone del bolsillo; al parecer, un mensaje que no esperaba.

-No entiendo,... –murmuró negando ligeramente con la cabeza.

Murmuré un “¿qué ocurre?” sin poderlo evitar.

Justin despegó la mirada de su iphone y me miró extrañado.

-Es un mensaje,... de un tal Cameron,...

miércoles, 14 de noviembre de 2012

Rendición -Sinopsis


SINOPSIS

<<He comprobado que casi todo lo que se ha escrito sobre el amor es cierto, Shakespeare dijo dijo una vez: "Los viajes terminan con el encuentro de los enamorados" ¡Oh, que idea más extraordinaria! Personalmente nunca he experimentando nada ni remotamente parecido. Pero estoy convencida de que Shakespeare sí que lo hizo.
Supongo que pienso en el amor más de lo que debería. Me admira constantemente su abrumador poder para definir nuestras vidas. 
También fue Shakespeare quién dijo que el amor es ciego. Pues bien, estoy segura de que eso, es verdad. Para algunas personas, de forma inexplicable, el amor se apaga; para otras, el amor sencillamente se marcha de sus vidas.
Si bien es cierto, por supuesto, que el amor también puede encontrarse, aunque sea solo por una noche.
Sin embargo, existe otra clase de amor; el amor más cruel, aquel que prácticamente mata a sus víctimas, se llama... amor no correspondido.
Y resulta que en ese apartado, soy una experta. 
La mayoría de las historias hablan sobre dos personas que se enamoran entre sí, pero ¿qué pasa con los demás? ¿quién cuenta nuestra historia? La de aquellos que nos enamoramos solos. Somos víctimas de una aventura unilateral, somos los malditos de los seres queridos, los heridos a los que no les queda más, que valerse por sí mismos>>

PROTAGONISTAS:

Becca Mood



Will Reid



martes, 6 de noviembre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 27









































Vuelve a casa por mí
Capítulo 27
Temporada 2


-Pasa -me indicó con voz calmada mientras me abría la puerta de su habitación. Tanta calma, por unos segundos me sorprendió. Pero entré en el cuarto, echándole una ligera mirada de reojo. No todo estaba como yo lo había visto hacia unas escasas horas. Por lo visto, él si que había conseguido dormir algo, era mi única explicación para las sabanas revueltas, al igual que su cabello, que aún parecía ligeramente mojado.

.¿Te ocurre algo? -inquirí sentándome en el borde de la cama, con cuidado de no meterme precisamente en el revuelo que había formado en su propósito de dormir; sino que me quedé tranquila en una de las esquinas. Justin enarcó una ceja, como si se hubiese dado totalmente cuenta de mis intenciones, pero negó con la cabeza ligeramente y se sentó en el centro de la cama, entrecruzando las piernas.

-¿Debería? -quiso saber él, alzando las comisuras de los labios, con ligera parsimonia. Le miré intrigada, sorprendida de darme cuenta de que parecía haber algo que realmente me estaba escondiendo. En ese instante, tenía frente a mí al típico Justin que tiene un gran plan entre manos, normalmente solían ser bromas, pero supe que tenía que haber más que eso, entonces.

-No sueles estar tan tranquilo, al menos, no cuando no consigues dormir, me refiero -le comenté indicándole las sabanas con un movimiento de cabeza. Él siguió dicho movimiento y sonrío alegremente.

-Sí, supongo que tenía otras cosas en mente,... -me respondió, mientras se echaba el pelo hacia atrás en un gesto claramente cansado. Mientras hablaba, me dí el lujo personal de colocarme en la misma posición en la que estaba él; eso sí, no me moví de mi sitio.

-¿Lo que querías enseñarme acaso? -quise saber, dándole una sonrisa de aliento; él me miró con un brillo especial en los ojos, ilusión, pura ilusión. Se levantó de la cama, para ir hacia la cómoda; allí continuaba su portátil, el cual yo no me había percatado que estaba encendido. Lo tomó y volvió a su posición con él en sus manos.

-Me he sorprendido hasta yo,... Verás, he estado un rato con él, haciendo lo de siempre, pero mientras buscaba un documento, encontré otro, que no tenía ni idea de que existía -comenzó a contarme, señalando a su ordenador- Y lo curioso es que está en mi carpeta, por lo que tiene que ser mío,...Así que me he tomado un rato, y la he acabado.

Dijo todo aquello negando con la cabeza de vez en cuando, como si aún no se lo pudiera creer, y aunque amaba verle así, como a un niño pequeño que había obtenido un regalo en navidades que nunca había esperado,... seguía sin entender de que demonios estaba hablando.

-¿El qué? -levantó la mirada de la pantalla, me miró sonriente y expectante- ¿el qué has acabado?

-Una canción.

Mi corazón se hinchó de felicidad por unos largos segundos. No podía tenerlo por seguro, pero algo en el hueco de mi estómago, donde las mariposas revoloteaban cada vez que le observaba, me decía que él estaba hablando de ella,...

Mi canción.

-Bueno, no es solo una canción,... Hacía meses que no escribía algo así, Caitlin, en serio. No he tenido que hacer mucho, la inmensa mayoría de la letra ya estaba escrita prácticamente. Se podría decir que le he dado el toque final,...

-¿Puedo verla? -inquirí, intentando aminorar el entusiasmo que sentía en mi interior. Al menos podría sacarle algo de ventaja al hecho de que no recordarse nada de lo que habíamos hablado sobre la canción. Al fin y al cabo, aquello era como un pequeño deja-vú para mí, solo me había enseñando una canción antes de sacarla a la luz.

-Claro, para eso te he llamado, necesitaba que alguien me diese su opinión. Y solo podía pedírtelo a ti entre todos los que están en la casa hoy,...

Intenté pasar por alto, el hecho de que eso bien podía significar de que de haber estado Selena allí esa noche, yo no habría podido ver la canción. Y me centré en el ordenador que me estaba pasando, y exclusivamente en el archivo abierto.

Fall

Well, let me tell you a story
About a girl and a boy
He fell in love with his best friend
When she's around, he feels nothing but joy
But she was already broken, and it made her blind
But she could never believe that love would ever treat her right

La primera estrofa y ya tenía por segura que aquella era la canción. Intenté tragarme las lágrimas que amenazaban con salir de mis ojos, porque tenía muy seguro que Justin me estaría observando justo en ese momento.

Did you know that I loved you or were you not aware?
You're the smile on my face
And I ain't going nowhere
I'm here to make you happy, I'm here to see you smile
I've been wanting to tell you this for a long while

Estoy aquí para hacerte féliz, estoy aquí para verte sonreír,...”

What's gonna make you fall in love?
I know you got your wall wrapped all the way around your heart
Don't have to be scared at all, oh, my love
But you can't fly unless you let yourself,
You can't fly unless you let yourself fall

No tienes que estar asustada,...”

Well, I can tell you're afraid of what this might do
Cause we got such an amazing friendship and that you don't wanna lose
Well, I don't wanna lose it either
I don't think I can stay sitting around while you're hurting babe, so take my hand


“Porque tenemos una increíble amistad que no quieres perder,...”
“No creo que pueda quedarme sentado mientras estás sufriendo,...”

Well, did you know you're an angel who forgot how to fly?
Did you know that it breaks my heart every time to see you cry?
Cause I know that a piece of you's gone
Every time he done wrong I'm the shoulder you're crying on
And I hope by the time that I'm done with this song that I figure out

¿Sabes que se me rompe el corazón cada vez que te veo llorar?”

What's gonna make you fall in love?
I know you got your wall wrapped all the way around your heart
Don't have to be scared at all, oh, my love
But you can't fly unless you let yourself,
You can't fly unless you let yourself fall

¿Quién hará que te enamores,...”

I will catch you if you fall
I will catch you if you fall
I will catch you if you fall


“Te cogeré si caes”

But if you spread your wings
You can fly away with me
But you can't fly unless you let your...
You can't fly unless you let yourself fall

Puedes volar conmigo,...”

What's gonna make you fall in love?
I know you got your wall wrapped all the way around your heart
Don't have to be scared at all, oh, my love
But you can't fly unless you let yourself,
You can't fly unless you let yourself fall,


So fall in love (in love)
I know you got your wall wrapped all the way around your heart
Don't have to be scared at all (don't have to be scared, don't have to be scared at all), oh, my love
But you can't fly unless you let yourself,
You can't fly unless you let yourself fall

Así que, enamórate,...”

I will catch you if you fall
I will catch you if you fall
I will catch you if you fall


If you spread your wings
You can fly away with me
But you can't fly unless you let your... let yourself fall.

Una ligera lágrima cayó por mi rostro sin poderlo evitar. Tenía razones para estar así de entusiasmado. Sí que era la mejor canción que había escrito hasta aquel entonces, era la mejor canción, que mi Justin había escrito. Una pequeña punzada en mi estómago me recordó lo mucho que lo quería de vuelta.

-Es hermosa -le dije antes de toparme con sus ojos color miel, que me miraban expectantes. Realmente me sorprendía de que no le bastase con su propia opinión. Dudaba que hubiera alguien en este planeta que no se diese cuenta de la hermosura de la letra de esa canción.

-Gracias -dijo sencillamente con un ligero suspiro de alivio, me reí- Aún no tengo la música, pero ya puedo hacerme una idea de como será, en cuanto vuelva a ver a Dan se lo comentaré para que me asesore,...

Sonreí mientras él hablaba, consciente de que irónicamente ahora, yo era la única que sabía la melodía de esa canción, incluso antes que él. Justin, vuelve, intenté decirle con mi mirada, pero no pareció cambiar nada.

-¿Eh? ¡Eh!

Me desconecté de mis pensamientos y le volví a mirar, se había acercado algo a mí, lo suficiente como para poder acariciar con un suave roce mi mejilla. Solté una ligera sonrisa a modo de disculpas, queriendo contarle todo lo que se me pasaba por la cabeza cada vez que me tocaba, y sin poder hacer nada más que callarme.

-¿Estás segura de que estás bien? -inquirió.

Negué lentamente con la cabeza, y para mi desgracia me perdí de nuevo en sus ojos. No recuerdo cuanto tiempo pudimos estar así, sólo mirándonos. Y en mi interior, podía ver perfectamente a Justin, alzando las cejas, sonriendo incómodo, esperando una respuesta a aquella situación,...

No hizo nada de aquello.

domingo, 4 de noviembre de 2012

Relato de "Elizabeth Bathory"



Lady Bathory sonrió con amargura cuando la doncella tomó el camino por las escaleras hacia la cocina. Odiaba el trato que tenía varias de las nuevas criadas que había escogido Juan del pueblo. No entendía como podían referirse a ella con tanta sarta de vulgaridades. Miró de reojo a Ferenc; seguía sin comprender como podría sacar partido a aquel compromiso. Ferenc era un estúpido e analfabeto, que a su edad solo se planteaba una buena partida a las cartas o una salida de cacería con otros jóvenes nobles; ni siquiera tenía buenos recuerdos de él, de la época en la que únicamente eran primos. Elizabeth se sintió terriblemente angustiada cuando a los once años; se anunció el compromiso de ambos. E incluso en ese momento, cuatro años después; él a punto de cumplir los veinte y ella los quince; sabía que nunca llegaría a amar a ese hombre. 

-Elizabeth -la llamó una agria voz a sus espaldas; ella no tuvo que girarse para saber quién era.
 
La maldita de su futura suegra, Úrsula Nádasdy, estaba a sus espaldas; acompañada con una pequeña criada que no contaría con más de ocho años. Pese a tener treinta y pocos años, su tía no distaba de vestir más propias de una puesta de largo, cosa que hacía reír muy a menudo a la joven. 

-Sí, Señora -dijo ella con un tono de sumisión. 

Aquella cruel y rencorosa mujer había expresado su odio por ella desde el primer instante en que había posado sus oscuros ojos grises en los de la muchacha. Cuando Elizabeth tenía tan solo cinco años; y su tío Esteban aún vivía, había ido una vez a visitarlo al castillo, donde se encontraban justo en ese momento, y había conocido a su nueva tía aquella vez, "Estúpida cría; mirarla Esteban, jugando como una inmunda pordiosera con los animales", esas fueron sus palabras exactas. Desde aquella vez no había vuelto a tocar un animal, desde aquella vez no había abandonado los libros y desde aquella vez no había parado de odiar a su tía. 

-Me han informado de que la prueba para el vestido es esta tarde -explicó mirando de reojo a su hijo que estaba a una lejana distancia de donde ellas se encontraban; discutiendo con uno de los encargados de las caballerizas- Me encantaría estar presente; si me lo permitís. 

Aquella muestra de interés por una boda que solo le interesaba a todos por el punto de vista económico; dejó estupefacta a la joven Elizabeth; y no pudo evitar pensar qué estaría tramando aquella astuta mujer. 

-Desde luego que podéis señora -desde luego que no podía decirle otra cosa. Cualquier disputa con ella le supondría después un millón de problemas que prefería ahorrarse. 

-Allí estaré entonces,...-murmuró con una sonrisa maliciosa en su rostro y señaló con la cabeza el cuello de la joven- Hermosa joya, ¿regalo de mi hijo, acaso? 

La joven se tocó el cuello con una ligera sorpresa. Nunca había pensado que su suegra fuera a interesarse por el camafeo de Louis. La joya había residido en su cuello desde hacía menos de una semana. De un delicado oro y con el perfil de una dama adornando la parte del camafeo rodeado por lapislázuli  aquel regalo había significado algo muy especial para ella. La prueba de que pese a haber conocido a Louis hacía menos de dos meses, era un hombre del que sencillamente se podría enamorar. 

-Se equivoca. Perteneció a mi madre en su día; Fenrec no me lo regaló -Tras aquella mentira a medias; ella se marchó, para variar sin ni siquiera dedicarle ni un leve reverencia. 

Elizabeth fue directa hacia los aposentos que se le habían asignado en el gran castillo de Cachtice, No mayor que el mío, se dijo ella misma con amargura, pues era muy consciente de que aquel otro lugar, al que ella continuaba llamando casa, quedaba ahora muy lejano. Cuando finalmente entro en su habitación; corrió a arrodillarse junto al baúl que tenía a los pies de su cama. Abrió el susodicho con tal entusiasmo como la niña pequeña que había sido, no hacía tanto tiempo, y rebuscó entre montones y montones de papeles; para encontrar pegada al suelo, una foto un tanto arrugada de las veces que había tenido que ver a escondidas de todas las personas que la rodeaban. 

Lo echaba de menos, sin duda; y tenía claro que el estúpido de Fenrec, jamás ocuparía su lugar.

CAPÍTULO 1

CAPÍTULO 1
Vuelve a casa por mí

¿Me sigues? Te seguiré ;D

¿Te gustó pasarte por el blog?

¿Leíste "Vuelve a casa por mí"? ¿Quieres más flash-back en ella?


Seguidores, ¡GRACIAS!