domingo, 4 de noviembre de 2012

Relato de "Elizabeth Bathory"



Lady Bathory sonrió con amargura cuando la doncella tomó el camino por las escaleras hacia la cocina. Odiaba el trato que tenía varias de las nuevas criadas que había escogido Juan del pueblo. No entendía como podían referirse a ella con tanta sarta de vulgaridades. Miró de reojo a Ferenc; seguía sin comprender como podría sacar partido a aquel compromiso. Ferenc era un estúpido e analfabeto, que a su edad solo se planteaba una buena partida a las cartas o una salida de cacería con otros jóvenes nobles; ni siquiera tenía buenos recuerdos de él, de la época en la que únicamente eran primos. Elizabeth se sintió terriblemente angustiada cuando a los once años; se anunció el compromiso de ambos. E incluso en ese momento, cuatro años después; él a punto de cumplir los veinte y ella los quince; sabía que nunca llegaría a amar a ese hombre. 

-Elizabeth -la llamó una agria voz a sus espaldas; ella no tuvo que girarse para saber quién era.
 
La maldita de su futura suegra, Úrsula Nádasdy, estaba a sus espaldas; acompañada con una pequeña criada que no contaría con más de ocho años. Pese a tener treinta y pocos años, su tía no distaba de vestir más propias de una puesta de largo, cosa que hacía reír muy a menudo a la joven. 

-Sí, Señora -dijo ella con un tono de sumisión. 

Aquella cruel y rencorosa mujer había expresado su odio por ella desde el primer instante en que había posado sus oscuros ojos grises en los de la muchacha. Cuando Elizabeth tenía tan solo cinco años; y su tío Esteban aún vivía, había ido una vez a visitarlo al castillo, donde se encontraban justo en ese momento, y había conocido a su nueva tía aquella vez, "Estúpida cría; mirarla Esteban, jugando como una inmunda pordiosera con los animales", esas fueron sus palabras exactas. Desde aquella vez no había vuelto a tocar un animal, desde aquella vez no había abandonado los libros y desde aquella vez no había parado de odiar a su tía. 

-Me han informado de que la prueba para el vestido es esta tarde -explicó mirando de reojo a su hijo que estaba a una lejana distancia de donde ellas se encontraban; discutiendo con uno de los encargados de las caballerizas- Me encantaría estar presente; si me lo permitís. 

Aquella muestra de interés por una boda que solo le interesaba a todos por el punto de vista económico; dejó estupefacta a la joven Elizabeth; y no pudo evitar pensar qué estaría tramando aquella astuta mujer. 

-Desde luego que podéis señora -desde luego que no podía decirle otra cosa. Cualquier disputa con ella le supondría después un millón de problemas que prefería ahorrarse. 

-Allí estaré entonces,...-murmuró con una sonrisa maliciosa en su rostro y señaló con la cabeza el cuello de la joven- Hermosa joya, ¿regalo de mi hijo, acaso? 

La joven se tocó el cuello con una ligera sorpresa. Nunca había pensado que su suegra fuera a interesarse por el camafeo de Louis. La joya había residido en su cuello desde hacía menos de una semana. De un delicado oro y con el perfil de una dama adornando la parte del camafeo rodeado por lapislázuli  aquel regalo había significado algo muy especial para ella. La prueba de que pese a haber conocido a Louis hacía menos de dos meses, era un hombre del que sencillamente se podría enamorar. 

-Se equivoca. Perteneció a mi madre en su día; Fenrec no me lo regaló -Tras aquella mentira a medias; ella se marchó, para variar sin ni siquiera dedicarle ni un leve reverencia. 

Elizabeth fue directa hacia los aposentos que se le habían asignado en el gran castillo de Cachtice, No mayor que el mío, se dijo ella misma con amargura, pues era muy consciente de que aquel otro lugar, al que ella continuaba llamando casa, quedaba ahora muy lejano. Cuando finalmente entro en su habitación; corrió a arrodillarse junto al baúl que tenía a los pies de su cama. Abrió el susodicho con tal entusiasmo como la niña pequeña que había sido, no hacía tanto tiempo, y rebuscó entre montones y montones de papeles; para encontrar pegada al suelo, una foto un tanto arrugada de las veces que había tenido que ver a escondidas de todas las personas que la rodeaban. 

Lo echaba de menos, sin duda; y tenía claro que el estúpido de Fenrec, jamás ocuparía su lugar.

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