Vuelve a casa por mí
Capítulo 26
2º temporada
Las miradas absortas de
Jeremy y Chris nos recibieron cuando nos sentamos a comer, Jazzy, junto a su
hermano, fue la única que pasó de nosotros. Me senté, demasiado cómoda arropada
en su albornoz de algodón blanco, y dispuesta a comerme los raviolis con setas que
me había preparado. Sabía a que se debían esas miradas, querían una explicación.
Abrí la boca, dispuesta a dársela.
-La tiré a la piscina
conmigo.
Miré a Justin
sorprendida de que asumiese su pequeña culpa. Pese a todo, tanto su padre como
mi hermano se encogieron de hombros, como si aquello fuese lo más normal en
aquella situación.
-Oh, ¿tengo yo la culpa
acaso? –inquirí con una ligera sonrisa.
-No –objetó Chris dándole
el primer bocado a su hamburguesa- pero habíamos esperado algo peor; de hecho,
habíamos hecho una apuesta y todo, preguntándonos si volveríais...
Justin se partió de la
risa durante un largo rato debido a ese comentario, le miré, fingiendo enfado,
pero al final me hizo sonreír a mí, puede que fuese porque cada vez veía más esperanza
de que todo aquello acabase bien de algún modo.
-Lo intenté, pero
Caitlin no me dejó –le confesó a mi hermano cuando ya habían terminado de cenar
y yo estaba recogiendo mi plato y la comida de los niños. Ellos recogerían lo
suyo y limpiarían todo, eso lo podían tener bien claro por mi parte.
-Ni te dejará, puedo
asegurarte eso –le aclaré sentándome en el amplio sofá principal, con Jazzy a
mi lado, me miró mientras terminaban de recoger, y yo sonreí formando la
palabra “crío” con mis labios. Sonrió desviando la mirada.
-Cait,... –murmuró la
niña a mi lado; ligeramente la miré, pues creía que estaba prestando atención a
la televisión, no a mí.
-¿Sí?
-¿Eres la amiguita
especial de mi hermano ahora? –preguntó así de natural. Por un instante no supe
si debía reír o preocuparme, pues no tenía muy claro que podía contarle a su
hermana pequeña. Obté por la opción más fácil.
-No –dije la palabra,
pero me supo como una patada en el estómago. Esa opción era fácil, pero para
otros. Sí que era la “amiguita especial de su hermano, o por lo menos tal y
como ella era capaz de entenderlo, incluso él mismo me lo había dicho hacía tan
solo unos días,... -¿Por qué me preguntas eso?
-No sé, supongo que no
se comportaba así contigo antes.
Como una media hora
después, yo tenía a Jazzy acoplada en mi regazo, durmiendo tranquilamente. Llevaba
acariciándolo su liso y sedoso pelo rubicundo un largo tiempo, intentando
prestarle atención a la televisión, pero no podía. Por muchos canales que puse,
ninguno me importaba. De hecho, al final, la apagué y tomé a la niña
con cuidado en mis brazos, intentando que no se despertarse.
La llevé al piso de
arriba, junto a su hermano, que ya hacía rato que dormía a su gusto en la cama.
Jeremy no estaba allí de hecho, sino que se encontraba en el patio, siguiéndoles
el juego a su hijo y a mi hermano; pues los tres se habían metido en la piscina
antes de irse a dormir.
Cuando bajé para coger
el bolso que había dejado en el recibidor, tuve que pasar por allí, y aquella
vez, no me sorprendió que Justin fuese el primero en hablarme nada más verme
aparecer.
-Vaya, ¿has cambiado de
opinión? –me preguntó apoyándose con sus brazos en el borde de la piscina.
Sonreí irónicamente y le negué con la cabeza mientras pasaba de largo. Casi me
eché a reír cuando al instante oí el movimiento del agua y sus pisadas. Me paré
de nuevo antes de entrar en la casa, pues no habría servido de nada evitar que mojásemos
el suelo la primera vez.
-¿Qué? –le pregunté
intentando ocultar la sonrisa que luchaba por formarse en mis labios. De alguna
manera, la pequeña charla de antes dentro de la piscina parecía haber
funcionado.
-¿Por qué no te vienes? –inquirió
haciendo una pequeña seña hacia la piscina, donde Chris le tiraba una pelota de
playa a Jeremy para disimular, de hecho, era plenamente consciente de que
prestaba suma atención a como estábamos actuando entre nosotros en ese
instante.
-La verdad es que ya me
iba a dormir, además no te iba a dar oportunidad de que me quitases el bañador –dije, dejándoselo bien claro; sus ojos color miel, brillaron divertidos.
-Eso no es justo. Le
quitas al jugador, la oportunidad de jugar –comentó haciendo una mueca. Una
pequeña sensación de frío se instauró en mi pecho, recordando los últimos días
del tiempo en el que estuvimos juntos.
-Yo nunca te pedí que
jugases conmigo, Justin –le respondí con una ligera sonrisa.
-Creí que lo que teníamos
ahora se podía considerar un reto,...
Claro, el reto es que recuerdes que me quieres,
idiota.
-Y lo es, pero no te he
pedido que juegues, sino que te esfuerces en conseguirlo.
-¿Hay algún premio
especial, si lo consigo? –quiso saber, atrapando uno de los mechones de mi
pelo, y colocándolo detrás de mi oreja. La suave frialdad de su piel, recién
salida del agua, me provocó un escalofrío por todo el cuerpo.
Pensé sin poderlo evitar
en unas notas musicales, en ese borroso conjunto de notas musicales que él me
había cantando cuando yo me estaba quedando dormida. Esa melodía que escondía
un trato, una promesa, que solo yo recordaba,...Y pensar que todo había
ocurrido hacía escasos tres días.
-Quizás.
Sonrió
Otra media hora después,
la situación era completamente distinta. Yo me encontraba echada en la que sería
mi cama aquella noche, en una gran habitación de una suave tonalidad azul, y en
el segundo piso; cuando oí que el jaleo que hacían los chicos en la piscina se
acababa.
Unos cortos minutos, fue
lo que tardó mi teléfono en iluminarse. Me reí ligeramente, pues lo había
estado esperando. En aquel tipo de situaciones, y al menos para mí, Justin podía
ser muy predecible.
-Necesito hablar contigo, Caitlin.
-¿Dónde?
-Ven a mi habitación dentro de diez
minutos, por favor.
No supe como tomarme
aquel “por favor”, por lo que tardé unos segundos más de la cuenta en
contestarle.
-¿Estás seguro?
-No, pero quiero que vengas,
necesito contarte una cosa.
No creo que existiese
una chica más feliz que yo en aquel momento por el simple hecho de que en aquel
nuevo mensaje suyo apareciese la palabra “necesito”, porque yo casi podía leer “te
necesito”.
-Está bien, iré.
No me contestó aquello último,
y no me sorprendió. Pero yo me quedé con las ganas de mandarle un último
mensaje. Un mensaje que de hecho llegué a escribir en mi teléfono en ese
momento, con la esperanza de que no pasase mucho tiempo hasta que finalmente
pudiese decírselo de nuevo. Sin miedo.
“Hey idiota, te quiero”

No hay comentarios:
Publicar un comentario