Vuelve a casa por mí
Capítulo 25
Segunda temporada.
Cuando volví al salón, me encontré con una escena
prácticamente igual a la que había dejado antes de irme. Salvó que esa vez,
Jeremy estaba levantado esperándome y que Chris alzó ligeramente la cabeza cuando
me oyó llegar. Su padre no tardó ni dos segundos en preguntarme:
-¿Y?
Sonreí ligeramente y le negué con la cabeza- No quiere
pizza, dice que prefiere que le haga hamburguesas,...
-¿Qué se las hagas tú? –cuestionó mi hermano con tono cómico
mientras se guardaba el teléfono en el bolsillo de sus vaqueros. Yo le dedique
una mueca, mientras me dirigía a la cocina, que también estaba conectada al
amplio salón por una amplia puerta solo con el marco.
-¿Quieres qué te eche una mano, Caitlin? –inquirió Jeremy,
mientras se asomaba ligeramente a la cocina, yo le negué con la cabeza.
-Con que me digas donde están las cosas que necesito...
-Con que me digas donde están las cosas que necesito...
Pocos minutos después mientras yo terminaba de hacer la
comida, de hecho, su padre sí que me acompañó en la cocina, pero fue para
preparar la comida de Jaxon, quién obviamente no iba a comer lo que yo estaba haciendo. Hice cinco hamburguesas en total, yo no pensaba comer también eso,
pero me divertí ante la idea de ver a esos tres “hombres” pelearse por la
última porción.
Cuando finalmente preparé la mesa, cosa que obviamente tuve
que hacer sola porque mi hermano no se molestó en moverse lo más mínimo.
Me parecía curioso pensar en que yo era prácticamente igual que él hacía unos meses. A la única que le serví el plato fue a Jazzy que tuvo el adorable detalle de ir hasta la cocina y preguntarme si me podía ayudar en algo. Mi hermano ya podría servirse solito de sobra.
Me parecía curioso pensar en que yo era prácticamente igual que él hacía unos meses. A la única que le serví el plato fue a Jazzy que tuvo el adorable detalle de ir hasta la cocina y preguntarme si me podía ayudar en algo. Mi hermano ya podría servirse solito de sobra.
Nada más terminar de prepararle todo a la niña, me escabullí
al otro lado de la casa, para coger la toalla que había dejado abandonada en la
puerta de su habitación y marcharme al patio.
Nunca había llegado a ver una piscina de esa amplitud,
bueno, tal vez en las películas; pero lo que me dejó atrapada en mis
pensamientos fue el hermoso efecto de luz que creaba la luna en la piscina,
podría imaginarme perfectamente el bonito tono azulado que tendría mi rostro.
No pude evitar pensar en el tiempo que hacía que no nadaba.
Era verdad que desde que había tenido el accidente había ido con mis amigos a
piscinas y a playas; pero nunca me había tomado la natación en serio de vuelta.
Lo más raro de todo era que él no estaba allí.
Eché un ligero vistazo hacia la escalerilla de la piscina, y
de hecho me percaté de que el suelto de esa parte estaba mojado. Era obvio que
había estado allí, pero ahora no tenía ni idea de donde podía haberse metido.
-¿Justin? –pregunté a la nada.
De repente, sentí una fuerte presión desde atrás que me
empujó hacia delante, llevándose todo mi cuerpo consigo. Sentí una brisa bastante
fría, y cuando quise darme cuenta, todo lo que tenía a mi alrededor era agua.
Rodeada de agua y oscuridad me percaté de lo que había pasado y nadé hasta la superficie.
-¡Eres un capullo! –le dejé bien claro, mientras notaba la
frialdad del agua golpeando en pequeñísimas olas a mi cuello.
-No seas así, no está tan mal el agua –me respondió entre
risas en el mismo sitio donde yo había estado hacia unos escasos segundos. Él
muy idiota había aprovechado que estaba distraída buscándole para acercarse a
mí desde atrás.
La hermosa luz de luna en la que me había fijado hacia unos
segundos ahora le estaba enfocando a él en todo su esplendor. Verle a él, en
bañador, mojado y con esos mechones de pelo oscuro, cayendo flácidos en su
rostro curioso,... no ayudaba mucho a controlar las hormonas.
-¿Se puede saber para que coño te he traído yo la toalla
ahora? –le pregunté sacando la toalla que había traído del agua, empapada
ahora, obviamente.
-No te pongas así Cait –me contestó con una ligera sonrisa,
dando unos pasos hacia mí y cayendo tal cual en la piscina, a mi lado. Me
aparté un poco para no empaparme aún más, pero él eliminó esa distancia
rápidamente.
-He venido para decirte que las hamburguesas ya están, y tú
¿que haces? Empaparme, eres un crío, Justin –no quería tratarle así, como una madre
autoritaria todo el tiempo, cuando lo que debería haber estado haciendo era
tratar de conquistarle de nuevo, pero no podía dejar de ser yo misma con él.
-Y tú una mujer –soltó de sopetón, como si no quisiera pensárselo.
Ladeé la cabeza y sonreí, eso era más propio del Justin de hacia unos días.
-Te lo he dicho muchas veces,... las mujeres no quieren
tener a críos a su lado –alargué mi mano hacia él, y le aparté el pelo mojado
de la cara.
Él se lamió el labio y sonrió, pero pude ver perfectamente
el dolor en sus ojos. Bien, al menos aún sufría por mí de algún modo.
-Puedo ser un hombre –comentó con una sonrisa mirando hacia
otro lado.
-No quiero uno, Justin, quiero al mío.
-¿Por qué...?
-¿Por que qué? –inquirí yo, haciendo que mirará de nuevo
hacia mí.
-¿Por qué no te extraña nada de esto? –preguntó con un deje
sorprendido, colocando un mechón de mi pelo detrás de mi oreja, enviándome un
suave escalofrío.
-¿A qué te refieres?
Ahora él fue quién inclinó la cabeza, pero no sonrió sino
que me miró con sincera incredulidad; como si realmente no se creyera que no
tuviese ni idea a lo que se estaba refiriendo. Pero claro que la tenía.
-¿Recuerdas la última vez que estuvimos juntos en una
piscina? –le pregunté consciente de que no iba a responderme a lo último.
-¿No fue cuando me compré mi primera casa? ¿En la fiesta de
inauguración? –le asentí con la cabeza.
***
-¡Tío mira esto! –gritó mi hermano desde el trampolín, justo
antes de tirarse en un inútil intento de hacerlo como los profesionales, pero
aún así Justin se rió y le siguió él rollo.
Yo estaba en una de las esquinas de la piscina, la cual era
mucho más profunda que en la que estábamos por aquel entonces, charlando con
Peyton, a quién también habían invitado a la fiesta. El problema aquel día era
que no era la única chica a la que habían invitado “demás”. Scooter era quién se
había encargado prácticamente de toda la lista de invitados, aunque era algo
privado, y exclusivamente para divertirnos, también había invitado a Jasmine, y
ni para que decirlo, sorprendentemente por aquel entonces, a Selena.
Quién más había disfrutado de aquella pequeña sorpresa era
mi hermano, quién para aquel entonces estaba totalmente obsesionado con ella.
Pero también había descubierto a Justin mirándola de una manera parecida a la
que lo había hecho Chris, por lo que no pude evitar ponerme celosa; llevábamos cerca de cinco meses juntos; pese a que pocos de los
que estaban allí lo supieran.
En un momento en que Peyton se marchó a coger unas bebidas,
Justin se aprovechó de ello para meterse en la piscina y acercarse a mí,
prácticamente de la misma manera en la que estábamos ahora. Pero había venido
receloso, consciente de que algo llevaba rato comiéndome la cabeza.
-Reina,...-murmuró intentando abrazarme, yo me aparté
ligeramente en lo que el espacio me permitió, dejándo las cosas claras- ¿qué
ocurre, Caitlin?
-Tú sabrás –le objeté yo, cruzando los brazos en el agua.
-Si te lo preguntó es porque no lo sé –inquirió él con una
sonrisa.
-¿Era necesario todo esto, Justin? –quise saber yo,
frunciendo los labios, él me miró confundido.
-¿Todo esto? Te refieres a la fiesta, ¿no? –me preguntó él,
acariciando ligeramente mi mejilla; no le aparté, me agradaba demasiado el
efecto que producía en mi cuerpo cuando me tocaba.
-No, me refiero a la manera en la que tratas a Jasmine, a la
manera en la que has mirado a Selena,...
-No tienes porqué ponerte celosa, Cait –aclaró él riéndose,
entendiendo al fin todo y atrampándome rápidamente en sus brazos para que yo no
pudiese negarme a evitarle.
-Oooh, pues siento decirte que no eres aquí él único que se
pone celoso –le comenté comenzando a reírme con él; lo veía todo tan sencillo
para aquel entonces.
-Sabes que te quiero, reina –me recordó él apoyando su cabeza
en mi hombro.
-Yo también te quiero, Jus –dije antes de notar algo
frío en mi espalda- ¡Idiota!
Le aparté de mí, empujándole con una mano, mientras con la
otra atrapaba los lazos del biquini que él casi había desabrochado. Lo más
irónico de todo era que él continuaba sonriendo, y yo no podía evitar
devolverle la sonrisa.
-¿Qué me estabas diciendo? –quiso saber él con una mirada
inocente.
-Que te largues un ratito a disfrutar de tu fiesta, Justin
–le respondí yo mientras Peyton regresaba y miraba la escena con la sorpresa
escrita en su cara.
Segundos después, él estaba hablando con alguien mientras yo
le pedía a Peyton que me ayudase a ponerme bien de nuevo la parte de arriba del
biquini.
***
-Si que era un crío, sí –musitó él recordando lo mismo que
yo.
-¿A quién quieres engañar? De estar en la misma situación
ahora, harías exactamente lo mismo.
-No es verdad, no podría,... –por un segundo creí que se
estaba refiriendo a Selena- no llevas puesto el bañador.
Reí.
-En serio, ¿eso es lo único que te lo impide?
-¿Me estás retando, Caitlin?
-No, tú me estás me estás provocando, Justin –objeté yo,
siendo completamente sincera.
En ese momento distinguí la voz de su padre llamándonos
desde a lo lejos; y ambos nos míranos conscientes de que nos esperaban. Salimos
de la piscina segundos después, y no nos quedó más remedio, por su culpa, que
entrar en la casa empapados.
Al menos, yo pude dejar mis zapatos afuera de la casa, y
cuando volvimos a su habitación me prestó un albornoz. Justo antes de marcharme,
cuando él continuaba secándose, me llamó de nuevo, no fue más que un susurro,
pero yo me giré sin pensármelo dos segundos.
-Sigo sin entenderlo, Caitlin –dijo, curvando lentamente las
comisuras de sus labios.
Eché una ligera mirada hacia la parte de atrás de su cama,
donde yo había vuelto a esconder el corsage.
-Y yo sigo sin entender como aún no te has dado cuenta de lo
que nos pasa.

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