Vuelve a casa por mí
Temporada 2
Capítulo 24
-Tengo hambre –inquirió Jazzy frotándose ligeramente la
barriga en el sofá y soltando el mando de la televisión con el cual llevaba
haciendo zapping como un cuarto de hora. Jaxon, que había estado jugando en el
suelo, cerca de su hermana, se levantó apoyándose en el sofá y secundo de
alguna manera la petición de Jazzy.
Los demás finalmente se habían marchado, solo quedábamos en
la casa los niños, Jeremy, Christian, Justin y yo. Jeremy, que por su parte
había estado todo ese tiempo cerca de sus hijos, se mostró confundido ante la
idea de que prepararles. Christian y yo estábamos sentados en el sofá que
quedaba en frente de ellos; bueno, mi hermano estaba sentado allí, yo más bien
estaba sentada en el suelo, con la espalda apoyada en el sofá en cuestión, y
apunto de quedarme sin uñas, del tiempo que llevaba allí comiéndomelas.
-Siempre podríamos pedir una pizza, Jer –sugirió Chris, que
llevaba ya un buen rato entretenido con su teléfono, probablemente en twitter.
-Bueno, voy a preguntarle a Justin,...
-¡No! –saltó él en respuesta, Jeremy le miró confundido
cuando ya estaba apunto de levantarse, mientras él me miraba a mí- que vaya
Caitlin mejor, tú sigue ahí con los niños.
La indirecta de mi hermano fue sumamente obvia, tanto que no
me extraño que su padre nos mirase con los ojos entrecerrados mientras yo me
levantaba del sitio donde me encontraba en ese momento, y me dirigía a la
habitación de Justin.
***
La casa tenía básicamente tres plantas, y la inmensa mayoría
de las habitaciones o las salas por así llamarlas “entretenidas” se encontraban
en los pisos superiores. Aunque por lo visto y pese a todo, él había dejado
bien claro que quería que su habitación estuviese en el piso de abajo. Y seguía
sin encontrarle un motivo razonable a ello.
Cuando dí la vuelta al piso de abajo, me encontré la puerta
de su cuarto abierta, en otra situación, incluso podría haberla entendido como
una invitación. Pero tenía claro que la había dejado abierta simplemente porque
se había olvidado de ella.
Antes de entrar le eché un ligero vistazo a la puerta que
estaba al lado de la de su habitación, por lo que tenía entendido, esa era la
que correspondía con su armario-vestidor; y por lo que podría imaginarme,
tendría unas dimensiones envidiables para cualquier persona.
Cuando finalmente entré, no me sorprendió nada de lo que me
encontré. Bueno, nada salvo el hecho de que Justin no se encontraba allí. La
habitación en sí no tenía más de tamaño que lo que podía haber tenido su cuarto
en el autobús de la gira; por lo que
tendría que estar en algunas de las salas que se conectaban desde ella.
-¿Justin? –le llamé paseándome ligeramente por allí. Me
quedé parada sin poderlo evitar en la cómoda oscura que tenía. Colgado encima
de ella, había un considerable cuadro, donde se veía la fotografía de un enorme
público, sacada desde la perspectiva del escenario. Sonreí casi sin poderlo
evitar, no podía tenerlo por seguro, pero me jugaba lo que fuera a que
probablemente sería el Madison Square Garden.
Encima de la cómoda, había más bien, poca cosa, solo ese
portátil que tenía desde el 2009, lleno de dibujos, y unas cuantas fotos, de su
equipo en las giras, de sus amigos, de su familia; incluso me reí al darme
cuenta de que tenía un único marco reservado solo para su hermana pequeña.
--¿Entretenida? –preguntó, su voz vino desde mi izquierda,
por lo que me giré hacia la puerta que daba a su armario-vestidor. Aunque tan
rápido como me giré hacia allí, volví a mi anterior posición; y como sin
poderlo evitar soltó ante mi acción, con un tono dolido- ¿qué he hecho ahora?
-Nada, pero deberías ponerte una camiseta, ¿no crees? –inquirí
ligeramente sonrojada sin poderlo evitar, y él se rió; aunque oí su risa algo
ahogada por lo que supe que se había vuelto a meter dentro, y pude mirar de
nuevo.
-La verdad es que pensaba meterme en la piscina un rato,
Caitlin –me contestó él mientras oía como rebuscaba algo en su armario, había
vuelto a dejar la puerta, invitando de nuevo a la chica curiosa que había en
mí, a pasar más allá de esa franja. Y me dí el lujo de echar un vistazo.
Habría como seis enormes muebles, donde pude divisar que
tenía por separado las cosas, en el más cercano a mí tenía toda su colección de
gorras separadas por colores y tonalidades, en el más lejano por lo que
conseguí ver era donde estaba su colección de supras; los demás estaban
divididos entre camisetas, vaqueros y chaquetas.
Justin, sin embargo se encontraba en la pared pegada a la
puerta de entrada, no muy lejos de mí, que básicamente podía recordar a un
panel de abejas, buscando entre varios de lo que parecían ser sus bañadores.
Me ponía nerviosa tenerlo cerca de mí sin camiseta, para que
iba a negarlo.
-Creo que ya vamos a cenar –le comenté mientras él seguía en
lo suyo, intentando decidirse entre un bañador gris y otro azul claro,
interiormente elegí el gris; y me sorprendió cuando ví que él soltaba el azul
de nuevo en su sitio- y venía a preguntarte si querías que pidiésemos pizza.
-La verdad es que hoy no tengo ganas de pizza –objetó él
mientras se metía en lo que parecía ser un pequeño probador, yo no pase de ahí.
-¿Es el fin del mundo? –le pregunté alzando la voz, y
fingiendo algo de miedo, oí su nítida risa desde ahí. Pasaron unos ligeros
segundos, hasta que solté sin pensármelo mucho- Siempre podría cocinar yo,...
-Me apetecen hamburguesas –casi le contesté con un insulto,
porque parecía que se estaba muriendo de ganas de que fuera yo quién le
cocinara, y lo habría hecho de no haber dicho que quería que le cocinase
hamburguesas, otra vez,...
-Está bien, pero deja lo de la piscina para después entonces
–le pedí yo apoyándome en el marco de la puerta. Justin salió justo entonces,
con el bañador puesto, evidentemente ambos habíamos tenido razón y el gris era
el que mejor le quedaba. Se acercó hacia la puerta, donde yo me encontraba
cogiendo una toalla por el camino, cuando llegó a mi altura, me puso la toalla
doblada en un hombro y sonrió con sincera alegría. Tampoco había que decir que
aquello casi me volvió a dejar sin respiración.
-Solo va a ser un rato, Cait, no empieces a preocuparte por
mí como cuando fuimos a la playa, o como cuando enfermé,...
Pasó por mi lado y yo casi no pude evitar decir lo que dije.
-Tú querías que te cuidase cuando te enfermaste aquella vez.
Se quedó parado en el acto, cerca de la puerta para salir de
la habitación, sentí mariposas en el estomago cuando ví los músculos de su
espalda contraerse. Se giró hacia mi confundido y se lamió el labio inferior.
-¿Quién te ha dicho eso?
-¿Me vas a decir que es mentira? –le pregunté yo cruzando
los brazos, ligeramente incómoda. Había sido un crío y no había querido
decírmelo por aquel entonces, aunque lo había hecho hacía unas semanas, en el
ascensor donde nos habíamos quedado atrapados. Aunque evidentemente de eso no
podía acordarse. Tenía que haberme mordido la lengua. Suspiré y bajé mis
brazos.
-No, no he dicho que lo sea, pero,... –negó fuertemente con
la cabeza- ¿Sabes qué? No importa, me salgo fuera, ya me avisaréis cuando
terminéis con la comida.
Salió así, tal cual de la habitación, dejándome a mí sola, y
estuve a punto de irme de allí, si no hubiese sido por la bolsa blanca que
distinguí de casualidad al borde la cama. No tenía muy seguro si podría
abrirla, sería algo suyo; pero no pude evitar preguntarme, porque podría tener
algo tan celosamente escondido.
Y no pude evitar sonreír con cariño, cuando distinguí lo que
se encontraba en la caja transparente que había dentro de la bolsa.
Un corsage de graduación de una suave tonalidad nudge.

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