jueves, 13 de septiembre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 17 (2º PARTE)




ADVERTENCIA: Tiene algunos cambios con respecto a la historia original, no me matéis por ello, tenedlo siempre presente.

Vuelve a casa por mí
Capítulo 17 (2ºPARTE)



-Estás loco... –le objeté negando lentamente con la cabeza.

-Estoy enamorado –me contradijo con una ligera sonrisa mientras formaba el contorno de mis labios con sus dedos.

-No me has dejado acabar –me quejé yo- Iba a decir que estás loco, sí realmente crees que voy a dejar que llegues tan lejos hoy.

Me besó de nuevo, borrando cualquier otra cosa que fuera a decirle, de mi cabeza. Y al principio fue suave y tierno, mientras las mariposas de mi estómago parecían que estaban haciendo una carrera para ver cual de ellas podía volar más rápido, pero cuando subió la intensidad y me acarició la espalda desnuda debajo de la camiseta, sonreí interiormente y le mordí el labio.

Ni siquiera se molestó en quejarse o en preguntarme el motivo, simplemente elevó la comisura de sus labios, y se lamió el ligero rojez que le había hecho en el labio inferior.

-Entenderé por eso último que al menos sí que pasará algún otro día –quiso saber volviendo a su posición anterior con un suspiro de resignación.

Ladeé la cabeza y le miré, sonreí.

-Yo nunca he dicho que no quiera hacerlo –le respondí del mismo modo en el que él me había respondido- solo, que hoy no vas a tener lo que quieres.

-Te quiero a ti –inquirió él mientras se frotaba los ojos. Noté como me cogía la mano por debajo de las sabanas, y formaba pequeños círculos en mi palma; enviándome pequeños escalofríos al mismo tiempo; reí entre dientes.

-Ya me tuviste una vez –le recordé.

-No me vale solo una vez –objetó mientras me volvía a mirar, le hice una mueca –no me mires así, soy un adolescente con las hormonas alteradas, como todos.

-Me alegra oír eso –le comenté mientras me acomodaba en su pecho, ciñó sus brazos a mí alrededor.

-¿Puedo yo hacer tratos también? –me preguntó pasados unos largos segundos.

Me reí con ganas.

-Claro, aunque ahora mismo me hago una idea de lo que se trata,...

-Tengo una canción –me interrumpió él- la he comenzado hace poco,....

-¿Y? ¿Cuál es el trato?

-El hecho es que es para ti –mi corazón se hinchó de felicidad al pensar que de nuevo estaba componiendo canciones por mí- y teniendo en cuenta de que eres la única chica que me ha herido el orgullo masculino, dos veces me gustaría resaltar,...

Sonreí.

-Me gustaría que todo pasara cuando finalmente consiguiera acabarla.

Me quedé callada durante poco más de un minuto; pensando seriamente en la propuesta; hasta que opté por la vía más fácil.

-¿Seré la primera en escucharla? –inquirí con un tono orgulloso.

-Desde luego –me respondió como si fuera algo obvio.

-¿Me cantas algo de lo que ya tienes? –le pregunté con la voz más tierna que pude poner.

-Desde luego que no –me respondió entre risas.

Le hice pucheros, a lo que él me respondió besando ligeramente mi frente, y comenzando a cantar los acordes de un melodía que nunca había oído antes; cuando quise darme cuenta ya me había quedado dormida.

Cuando volví a abrir los ojos, a la mañana siguiente fue porque Dolche se había despertado y me estaba lamiendo la cara, Justin no estaba allí conmigo.

Volví a mirar el reloj para darme cuenta de que eran casi las diez de la mañana. Saqué toda la fuerza de voluntad que tenía y me levanté, dejando atrás el sueño, el calor, y el olor de Justin. 

Me duché y me puse unos shorts vaqueros oscuros, una fina camiseta de manga corta azul y unas converse del mismo color. Mi pelo, habitualmente de un liso envidiable; tenía hoy un ligerísimo ondulado que rara vez le había visto de manera natural.

Bajé al piso de abajo oyendo el inconfundible sonido de jaleo en la cocina, propio de un montón de chicos rondando por allí. La cocina, conectada al salón; me permitió observar como mamá tenía que trabar con todos los chicos intentando hacerse un desayuno, y como Chris y Justin continuaban durmiendo en las camas-colchonetas que habían preparado en el salón. El rostro de Justin lucía tan en paz y tan relajado que no pude evitar sonreír.

-Caitlin, cariño, que alegría verte. Y que suerte has tenido, tú que has podido dormir en condiciones. He pasado prácticamente toda la noche en la habitación de al lado, para comprobar que no les ocurría nada,... -y papá se encontraba en esos momentos visitando a los abuelos, era por eso que nadie nos había molestado anoche.

-Sí, digamos que todos hemos tenido una noche inmemorable -le dije mientras volvía a coger el bol que dejé la noche anterior. Ryan me miró realmente extrañado- Mamá, tengo que contarte una cosa,...
 
-¿Sí? -preguntó mientras sacaba un par de tostadas de la tostadora.

-Verás. Anoche acogí un perrito; lo encontré cuando pasábamos al lado de la tienda de mascotas; regalaban una camada, y me dió mucha cosa no traerme a alguno -mamá me miró extrañada, como si no encajara en que momento había entrado yo al perro, sonreí- Cameron lo estuvo cuidando un poco de tiempo antes de traérmelo ayer por la noche, era un poco tarde,...

Con eso pareció conformarse, ya que sonrió y me pasó algo de comida, leyéndome el pensamiento.

-Está bien, pero bájalo, que quiero verlo. Hacía mucho que no teníamos mascota,...

Bajé a Dolche al piso de abajo con suma facilidad, pues el animal estaba muerto de hambre, y probablemente se olía que la iba a llevar hacia la comida.

Mamá se encargó de partir un poco de pan, después se dedicó a acariciar al perro mientras este comía con unas ganas admirables.

-Es una preciosidad, ¿como se llama? -fue Justin quién lo preguntó a mis espaldas; me giré para ver como entraba en la cocina, atrapaba una tostada y se la comía, Nolan gruñó en respuesta, al parecer era una de las suyas.

-Dolche -respondí como quién no quiso la cosa, Justin podía actuar con normalidad, así que yo no podía ser menos. 

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