viernes, 28 de septiembre de 2012

Vuelve a casa por mí - Capítulo 21





***

ADVERTENCIA: Tiene algunos cambios con respecto a la historia original, no me matéis por ello, tenedlo siempre presente.

Vuelve a casa por mí
Segunda Temporada
Capítulo 21



Un ruido bastante fuerte me despertó; desorientada, miré a mí alrededor, y observé como Christian recogía su mochila del suelo y la ponía en su regazo, me echó un ligero vistazo y sonrió con tristeza.

-Perdona, no quería despertarte –me susurró arrepentido, yo le negué lentamente con la cabeza.

-Soy yo quién tendría que darte las gracias, Chris –inquirí mientras me frotaba los ojos ligeramente adormilada, para intentar despejarme.

-Desde luego que no pensaba dejarte marchar sola a Atlanta –me aseguró con un ligero tono ofendido, como si ese hecho hubiera tenido que ser obvio para mí.

Había sido una sorpresa que mamá nos hubiera dado permiso. Probablemente se debía a la situación, yo no podía ser la única persona preocupada por Justin.

-¿Ha habido noticias? –le pregunté respirando hondo, Christian me negó con la cabeza incluso antes de que consiguiera terminar mi pregunta, cerré los ojos fuerza.

-¿Nada?

-Hace como diez minutos, llamé de nuevo a Pattie. No me lo ha cogido, como supondrás, pero al menos no estaba apagado y he podido dejarle un mensaje.

-Bueno, al menos, eso es algo –murmuré, mientras me recogía el pelo y me hacía una cola.

-Ya,...oye, Cait,... –me dijo, abriendo su mochila, y rebuscando en el interior de la misma.

-¿Sí? –inquirí mientras miraba por la ventana que tenía a mi lado, las nubes, esos gigantes trozos de algodón de azúcar blanco, parecía completamente indiferentes, en lo que a mí respectaba.

-¿Estás segura de lo que vas a hacer?

Le miré detenidamente de vuelta.

-¿A qué te refieres?

-A que Selena va a estar allí, –sonrió con ironía- a que la novia de Justin ya va a estar allí.

-¿Puedes no recordarme ese tipo de cosas? Cada día te pareces más a Payton, de verdad,...

La verdad era que por mucho que me lo dijeran, por mucho que a mí me doliera, no dejaban de tener razón, muy a mi pesar. Pero en ese momento, nada de eso importaba, en ese momento, lo único que importaba es que él estuviese bien, que no le hubiese ocurrido nada malo.

-Perdóname por preocuparme por ti –reclamó él, sacando la consola de la mochila, y poniéndose a jugar durante el resto del viaje.

La cosa no fue a mejor, ni mucho menos. Tuve a Christian sumamente callado a mi lado todo el tiempo; incluso cuando bajamos del avión y tomamos el taxi.

Sonreí con amargura a la visión que me otorgaba la ventana del taxi; las calles de Atlanta, tan reconocidas para mí. Mi sonrisa se ensanchó ligeramente cuando a mis ojos llegó la visión de la iglesia donde había conocido a Justin,...

Tenía ese recuerdo, grabado con suma claridad en mi mente.

***

Fue un domingo. El cielo amaneció nublado aquel día. No tenía muchas ganas de ir a la iglesia ese día, porque hacía muy poco tiempo que había pasado un buen resfriado, y aún me encontraba algo débil. Pero le había prometido a mamá que iría muchos días antes, por lo que me tragué mi debilidad; me vestí y me marché con ellos.

En el camino, la cosa no mejoró, un fuerte viento azotaba mi cabello sin poderlo evitar, y tenía la piel helada.

Cuando finalmente llegué a la iglesia, como diez minutos antes; corrí a los asientos, y me aovillé en mi misma, para intentar encontrar y salvaguardar un poco de mi propio calor corporal.

Ya había unas pocas personas cuando yo me senté. Metí mis manos en los bolsillos de mi chaqueta, mientras observaba como mi familia, llegaban hacia donde yo me encontraba. Mis padres se sentaron detrás de mí, Chris, que por entonces, era dos palmos más bajo que yo, se sentó a mi lado.

Mirando de reojo a mi hermano, que se entretenía mientras esperaba jugando, ya por aquel entonces, con la consola; descubrí unos ojos color miel observando hacia mi dirección, poco tiempo después descubriría que aparte de ese color miel, había unas pequeñas vetas verdes.

Esos pertenecían a un chico que se encontraba en una situación similar a la mía. Estaba sentado en los asientos, lado opuesto al que nosotros nos encontrábamos; rodeado de dos personas; un hombre grande, que parecía el típico grandullón bonachón que podrías encontrarte como guardaespaldas en una discoteca; y una mujer con una media melena castaña, que tendría como unos treinta y pocos años.

Esas dos personas, estaban sentados a su alrededor, hablando entre ellos, y no le prestaban atención.

Por lo que ese chico, continúo un buen rato mirando hacia nosotros, aunque sólo yo parecí darme cuenta. Era más alto que Chris, pero deduje que pese a todo sería algo más bajito que yo. Además era rubio, sumamente rubio, y su peinado me recordaba al que llevaban aquellos gemelos de “Zack y Cody: Hotel, dulce hotel”. Llevaba la sudadera azul de los Lakers, que le quedaba como dos tallas más grandes, por aquel entonces.


Cuando me miró detenidamente a los ojos, miré rápidamente hacia otra dirección; repentinamente azorada. Tenía el corazón a punto de salirse de mi pecho, y pude notar con facilidad un suave calor en mis mejillas.

Le eché una mirada de reojo segundos después, para observar como hablaba con la mujer que tenía a su lado, la cual deduje que sería su madre. Todo me pareció normal hasta que hizo un ligero movimiento con la cabeza hacia mi dirección y tanto la mujer, como el hombre miraron hacia nosotros.

-¿Los conoces? –preguntó mi madre, dándose cuenta de las miradas que nos dirigían, yo le negué con la cabeza, mientras mi hermano levantaba la suya y miraba también hacia el grupo en cuestión.

El primero en romper aquel curioso silencio, fue Justin; no dijo nada en especial, simplemente sonrió con tranquilidad hacia nosotros y soltó:

-Hola

Mi hermano fue quién le devolvió el saludo, pero yo fui consciente de que aquel “hola” estaba dirigido a mí.

Minutos después, cuando todos nos presentamos, con sonrisas cordiales, dijo aquella frase que hizo que mirase hacia otro lado, sumamente avergonzada, y que tuviese por primera vez, mariposas revoloteando en mi estómago.

“Tío, me he enamorado de tu hermana”

***

Suspiré y miré a Christian de nuevo, ya nos acercábamos al hospital; y por fin había guardado su consola en la mochila que llevaba.

-Lo siento –murmuré.

Él me miró extrañado, como si después de aquel largo rato de silencio, lo único que no se hubiera esperado fuesen unas disculpas.

-Por todo lo que está suponiendo el hecho de que esté enamorada de él –sus ojos brillaron, sorprendidos por aquellas palabras, sonreí- pero me ocurrió desde el primer momento Chris, no puedo imaginarme que ese sentimiento vaya a cambiar.

Alzó ligeramente las comisuras de sus labios.







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CAPÍTULO 1

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