ADVERTENCIA: Tiene algunos cambios con respecto a la historia original, no me matéis por ello, tenedlo siempre presente xDD
Vuelve a casa por mí
Capítulo 11
-¿Cómo puede ser eso? -quise saber teniendo la oreja literalmente pegada
al teléfono.
Sí, una llamada suya, a las tres de la mañana. Sí, nunca me la
habría esperado.
-Acabo de volver hace un rato,... tomamos un avión a otra hora para
librarme de la prensa de por la mañana. Lo siento mucho, imagino que estabas
durmiendo,... -tenía la voz un poco ronca, como si aún estuviera cansado del
viaje de vuelta.
-Bueno, sí, siento confesarte que es lo que tiendo a hacer a estas horas
-murmuré apartándome el pelo revuelto de la cara e intentando despertarme
realmente- ¿me llamas por algo importante?
-¿Importante? Desde luego, necesitaba verte -confesó, me pude imaginar
su sonrisa en aquel momento, probablemente similar a la sonrisa de estúpida que
se dibujó en mi rostro. Él era capaz de despertarme con rápidez.
La barrera, me susurró mi interior.
-No -me respondió él, quejándose- necesitaba verte a las dos, así que
cuando llegué a casa, cogí el coche de mi padre y conduje hacia la tuya,...
-¿Estás aquí? -le pregunté como una tonta
incrédula.
Jugaba conmigo, jugaba con lo que quería; y yo estaba dejando que lo
hiciera, de nuevo... Pero me tuve que morder la lengua cuando conseguí darme a
mí misma una sincera explicación a todas mis reacciones.
Estaba jodida, jodidamente enamorada de él de nuevo.
¡Maldición! gritó mi
cerebro, haciéndose a la idea de lo que tendría que pasar, mientras me pasaba
la mano por la cara y me frotaba los ojos; hasta que conseguí ver solo rojo.
Aunque me sorprendió el suspiro de alivio que soltó mi corazón.
Tampoco tendría porque ser tan malo, me dije. Mientras Justin no lo
supiera, todo estaría bien. Era una chica fuerte, podría sobrellevarlo todo
sola;...todo pasaría,... otra vez.
-¿Caitlin? ¿me estás escuchando? -inquirió Justin por lo que no sería la
primera vez; le afirmé rápidamente cuando me percarté de ello- Pues te estaba
diciendo que para ser exactos, estoy delante de tu casa, esperando a que te
asomes por la ventana,...-nada más decirme aquello ya me había levantado de la
cama y estaba mirando hacia afuera.
Me maldije de nuevo en mi interior; pero aquella vez, cuando lo ví allí,
esperando por mí; se me pasó algo fugazmente por la cabeza.
¿Y si no era él el único que jugaba? ¿Y si me dedicaba yo
también a jugar con él?
Solo sería eso, un único juego, entre él y yo, que no implicara a nadie
más.
Justin dejaría de jugar, lo devolvería a la realidad; a esa cruel
realidad donde él nunca volvía a quererme como antes, a esa cruel realidad
donde él estaba con otra; y a esa cruel realidad donde yo volvía a dejar mis
sentimientos por él enterrados.
Estaba allí realmente, pese a todo lo que yo me dijera, apoyado contra
el antiguo SEAT azul oscuro de Jeremy, delante de la acera de mi casa, con una
camiseta oscura y con el iphone pegado a la cara. Nada más verme, sonrió genuinamente. Al segundo recordé las
pintas que tendría y me agaché rápidamente bajo mi ventana, no tardé en oír su
voz por mi móvil.
-¿Por qué te escondes? -me
preguntó riendo. Algo en mi estomágo revoloteo cuando oí aquella dulce melodía.
Dios, mariposas.
-Porque no quiero que me veas así -me quejé mientras miraba a mí
alrededor en busca de mis vaqueros.
-Como tú quieras, pero baja,... -me pidió con voz lastimera, no pude
evitar reírme, pues ya me había escabullido hacia el otro lado de mi habitación
y me estaba poniendo los pantalones como podía con una sola mano.
-Ni lo dudes, ya me estoy cambiando de ropa -le comenté mientras me
abrochaba el botón de los vaqueros.
-Interesante,... Quizás podrías volver a la ventana,... -sugirió
mientras se volvía a reír. Y de hecho lo hice, ya con los pantalones puestos,
solo y exclusivamente para sacarle la lengua por la ventana.
-Ahora nos vemos, pervertido -le advertí colgando la llamada y cerrando
la ventana.
Me cambié rápidamente la camiseta del pijama por una fina sudadera, pues
era la prenda que tenía más a mano. Me lavé la cara, me cepillé el pelo a la
carrera, y me lavé los dientes en tiempo record. Finalmente me escabullí por la
escalera de atrás de mi casa, con el mayor sigilo posible, abrí la valla que la
rodeaba y conseguí salir.
***
-Hola, guapa -me saludó antes de zambullirme en sus brazos. Le miré de
reojo y sonreí. Llevaba aparte de la fina camiseta oscura, la chapa militar que
precisamente yo le había regalado hacía mucho tiempo; inconscientemente me puse
a juguetear con ella.
Yo también puedo jugar, Justin.
-Guapísima, desde luego,... -murmuré irónicamente- Te he echado de
menos.
-Es bueno saberlo -comentó con una sonrisa.
-Eres único ¿eh?, yo esperaba un: "yo también a ti" o algo
así,...
-Pero ya lo sabes, Caitlin -se quejó poniendo sus manos en mi cintura.
Me dí el gusto personal de permitírselo.
-Bueno, también es bueno oírlo de vez en cuando -le argumenté
abandonando mis manos alrededor de su cuello.
-Te quiero.
Sentí como un disparo atrevesaba mi corazón en ese instante. Cuando me decía ese tipo de cosas hacía años, me recordaba a mí misma con un completo sentimiento de plena felicidad; pero no pude describir como me sentí aquella vez, no pude describir como había llegado a avanzar ese sentimiento.
Dios
mío, eso, definitivamente, era jugar muy sucio.
-¿Demasiada información? -me preguntó mordiéndose el labio, ocultando
una sonrisa.
-No, no, que va. Simplemente no me esperaba algo así. Hacía mucho que no
te oía decir eso, al menos, no con sinceridad,...
-Siempre intento ser sincero contigo -saltó él haciendo unos adorables
pucheros, y por un segundo me vino a la mente la imagen de su hermana
pequeña.
-Lo sé, Justin, creemé, ví la entrevista,... -le comenté con una ligera
sonrisa.
-La verdad es que no esperaba que me preguntara por ti -dijo abriendo
los ojos, realmente sorprendido.
-Y yo no esperaba que dijeras eso de mí.
-Supongo que tampoco te esperarás que quiera ser tu acompañante en tu
baile de graduación -me dijo mientras me apartaba ligeramente de él y sacaba
dos tickets del instituto.
Quedaba dos escasas semanas para la graduación del último curso. Mi
curso. Graduación a la cual había planteado asistir hacía apenas unos días con
Matt. Una locura, mi mundo era una completa locura por su culpa.
-¿Cómo te has acordado de esto, Biebs? -murmuré realmente emocionada,
mientras cogía las entradas y las miraba detenidamente.
-Bueno, también se graduan los demás, y debía haber sido la mía, así que
no me fue tan díficil. Aunque... Chris, me ayudó en el tema de poder comprar
las entradas.
-Se lo tendré que agredecer en cuanto lo vea -comenté antes de acercarle
a mí gracias al cuello de su camiseta oscura y finalmente, besarle.
No debería haber significado, al menos, no para mí, claro. Pero hubo
algo en la manera en la que nuestros labios se volvieron a reencontrar después
de tanto tiempo; algo en el intenso cosquilleo que se quedó en los míos una vez
abandonaron los suyos, algo que por aquel entonces no podía explicar, algo que
hizo que las mariposas de mi estomágo no pudieran para de revolotear,...
-¿Y esto? -inquirió con los ojos brillantes.
-Consideralo una aceptación -le dije antes de que él me mismo se
acercará a mí y me devolviera el beso;
pero de una manera más lenta, más suave e incluso más dulce.
-Estaré allí esa noche, ¿vale? No me voy a perder más oportunidades para
verte vestida con un vestido alucinante.
-Y cortísimo,... -murmuré. Era una prueba, ni siquiera había pensado que
clase de vestido podría llevar.
-Bueno, eso tampoco estaría mal -me aprobó con sincera alegría, me reí.
Un adolescente con las hormonas alteradas, como todos, una persona normal, como
siempre.
-Mejor me voy ya, que mi madre no es de las que suelen tender a dormir
toda la noche de un tirón -le comenté con tono triste.
Le dí un último abrazo y un último beso antes de despedirnos, pero
cuando ya estaba al lado de la puerta de la valla que rodeaba la casa, me llamó
a lo lejos; no parecía haber tenido suficiente de mí.
-¿Sabes? Tú misma lo has dicho; es bueno oírlo de vez en cuando,... -me
pidió indirectamente a lo lejos.
Claro que lo sabía, claro que era consciente de cuanto me dolería el
decírselo aunque yo misma solo estuviese jugando; pero pese a todo, tonta de mí, se
lo dije:
-Yo también te quiero, Justin.

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