ADVERTENCIA: Tiene algunos cambios con respecto a la historia original, no me matéis por ello, tenedlo siempre presente.
Vuelve a casa por mí
Capítulo 17
Vuelve a casa por mí
Capítulo 17
La casa se me presentó sumamente silenciosa mientras nos
dirigimos hacía mi habitación; de hecho lo único que se podía oír unos ligeros
ronquidos provenientes del salón. Me recordé a mí misma que mamá había optado
por dormir en la pequeña habitación que teníamos en el piso de abajo; para así
controlar a los chicos por si acababan montando jaleo incluso durante la noche.
Realmente no quería que lo hicieran; por mí y por Justin, todos
podían dormir tranquilamente durante toda la noche. No nos haría gracia que mi
madre se pusiera a buscar a Justin si no lo encontraba entre los demás chicos.
Cuando finalmente llegamos a mí habitación, abrí la puerta con
sumo cuidado, y oí la risa de Justin detrás de mí.
-¿Por qué abres la puerta así? No creo que los chicos nos oigan
desde aquí,...
-¿Te recuerdo que me has regalado un perro que ahora mismo
también está durmiendo? –le inquirí mientras le hacía señas para que pasara.
Al final no me había llevado el bol, precisamente porque ahora
tampoco quería despertar a Dolche.
Justin se paseó un corto rato por mi habitación, no tenía idea
de que podía estar buscando hasta que se paró delante del corcho donde tenía
colocadas diversas fotografías. Sonrió.
-Me alegro de que aún conserves nuestras fotos –me reveló. Ese
era precisamente el motivo por el cual había conservado varias de esas fotos,
porque eran nuestras fotos.
-Bueno, aún conservo otras cosas... La pulsera con tu nombre, tu
camiseta de jockey,... –le recordé mientras me dirigía hacia el armario y me
ponía a buscar un pijama.
No me respondió aquella vez, por lo que le eché una mirada desde
donde me encontraba, estaba de rodillas encima de la cama, abriendo la ventana
que tenía al lado. Cuando finalmente lo consiguió me volvió a mirar, no me
atreví a preguntarle si tenía calor. La ligera luz de la luna le hizo un
perfecto juego de claroscuro en su rostro cuando sonrió. En ese instante
recordé que últimamente parecía capaz de leerme el pensamiento. Casi pude oír a
mi corazón en ese momento, como el batir de alas de un pequeño colibrí,
latiendo con rápidez.
-Y, ¿dormimos? –me
preguntó mientras se metía en la cama; justo entonces pude volver a dirigir mi
atención a seguir con la búsqueda de un pijama.
-Tengo que ponerme el pijama –le comenté como algo obvio.
-Uhmmm –se limitó a contestar, pero yo le volví a mirar y
sonreí.
-Deja de pensar en eso –le exigí, el me devolvió la mirada
sorprendido y fingiendo indignación.
-¿Dé que hablas? Yo no estaba pensando en eso –inquirió él sonriendo al final.
-Mentiroso, conozco tus “uhmmm” como la palma de mi mano –le
respondí encontrando finalmente unos pantalones cortos decentes. Iba a optar
por ponerme una ligera camiseta blanca cuando descubrí en una esquina del
armario, precisamente, la camiseta de jockey de Justin. Sonreí; me quedaría a
mi medida por aquel entonces.
Entré en el cuarto de baño sin decirle nada más, probablemente
me hubiera pedido que me cambiara de ropa allí mismo, si por él fuera.
Intenté demorarme lo máximo que pude, para intentar tranquilizar
a mi corazón lo máximo que pudiera. Pues no le ayudaba nada el hecho de que
precisamente él me estuviera esperando en mi cama.
Pero ya no tenía nada más que hacer una vez me había cepillado
los dientes, y el pelo.
Me eché una ligera mirada al espejo antes de salir, Ya casi no
me acordaba del rostro de esa Caitlin que ahora me observaba. Tenía los ojos
azules brillantes, y no me hizo falta preguntarme la razón de ello.
Nada más salir del cuarto de baño, me eché a reír. Justin se
había metido debajo de las sabanas, totalmente.
-¿Se puede saber qué haces? –inquirí mientras acariciaba
ligeramente a Dolche, que seguía plácidamente durmiendo en una de las esquinas
del pequeño sofá de mi habitación.
-¿La tortuga? –me respondió con la voz ligeramente ahogada por
las sabanas.
Me volví a reír mientras me acercaba a la cama, ya sin nervios;
pues el hecho de no verle el rostro era mucho mejor para evitar que se me
saliera el corazón del pecho.
Pero cuando me acerqué e intenté levantarle las sabanas, sacó un
brazo y me atrapó por la mitad del muslo; empujándome, hasta que, gracias a que
había conseguido levantar la sábana en el proceso, acabé con medio cuerpo
pegado al suyo en la cama. Oí su risa.
-Creo que ahora eres incluso más niño que entonces –le comenté
mientras me acomodaba la almohada, e intentaba disimular el pulso acelerado que
ahora parecía latirme en lo oídos. Tenía el pelo aún más despeinado que antes;
y me sorprendió a mi misma descubrir que también tenía los ojos brillantes, o
quizás solo era cosa de la luz que entraba por la ventana.
-Bueno, me aburría de esperar –me echó una ligera mirada- Al
parecer no me voy a poder poner esa camiseta otra vez.
-¿Por? –le pregunté mientras apretujaba las sabanas a nuestro
alrededor.
Acercó su rostro al mío para poder susurrarme al oído:
-Porque ahora te queda demasiado bien.
Aprovecho la posición en la que se encontraba para ponerse
encima de mí, apoyándose en sus brazos para que yo no tuviera que soportar nada
de su peso.
-Así no creo que vayas a dormir –le objeté riendo, pero aún así
parecía tener un hormigueo correteando por todo mi cuerpo, hasta las puntas de
mis pies.
-¿Recuerdas la promesa que hemos hecho antes? –inquirió mientras
se acercaba y me daba pequeños besos en el cuello; enviándome pequeños escalofríos
al mismo tiempo.
-Desde luego –sonreí.
-¿Y recuerdas lo que me has dicho sobre esa pega? –preguntó,
noté su sonrisa mientras me besaba, yo murmuré un corto aja antes de que él alzara ligeramente el rostro para mirarme a los
ojos –pues bueno, yo nunca he prometido que al menos no fuera a intentarlo.

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